Diez_alas

               LAS DIEZ ALAS DEL POETA

Las diez alas del poeta

      (Para el vuelo de un suspiro)


Diez_alas

 Décimas malareñas

 

 Francisco Henríquez

   Miami 2000
 2da. edición2011
 3ra edición 2014
 4rta edición 2021

Nanado

Caricatura de Francisco Henríquez, (por “Nando”, 1996).
 
José Bernardo Pacheco, (Nando). (1936-2015), fue un brillante periodista y caricaturista salvadoreño, que residía en San Francisco, donde dirigía la revista Cuzcatlán, de su propiedad.
Él fue el autor del dibujo de la portada de este libro, así como de la caricatura y el prólogo presentes en este libro, los cuales produzco en su honor, agradecido
 
A manera de prólogo
El vuelo de un suspiro
 
“Las diez alas del poeta (para el vuelo de un suspiro)”. es el título del nuevo libro de Francisco Henríquez, un poeta que Cuba dio al. mundo nacido a la vida y a la poesía en Unión de Reyes, cuyas virtudes superan al número de sus alas…Poeta, orgullosamente con alma fue guajiro. De niño tumbó caña y, de viejo, tumbó las distancias de su patria y ensanchó los horizontes de la poesía dándole nuevos ritmos a la décima y al soneto, y aromas más sutiles e imperecederos a sus versos
 
“Quiero llevar mi nuevo libro a Cuba”, dijo con ansiedad, y en mis visiones lo he imaginado con su poemario levantado como antorcha en sus manos iluminando el paisaje de palmas de su patria, dando luz a los senderos, a los ríos, a la sabana y a los bohíos que estaban como entre bromas por la nostalgia y la lejanía.
 
Llevar un nuevo libro a la patria de uno es como decir presente en la ausencia, es como decirles a los poetas paisanos que no los ha relegado al olvido. Es como decirle a su Cuba:
 
“Traigo lo que es tuyo, mis décimas al vuelo de un suspiro”. Décimas que son emblema y síntesis del campo cubano, porque en boca del poeta. en la música de su poesía. su patria está a la distancia del vuelo de un suspiro. Amante de su patria sobre todas las tierras:
 
Es que Cuba sigue allí
con sus ríos y sus playas.
y tiene sus guardarrayas
-caminos de palmas bellas-
y un cielo lleno de estrellas
por donde quiera que vayas.
 
Para escribir estas palabras, el poeta que tiene la virtud de la amistad sincera, puso entre mis manos -y en mi intelecto- mas de tres mil versos como perlas preciosas, que apiñadas de diez en diez parecen collares engarzados musicalmente para dar vida a su nuevo poemario, que me permitió entrar por la puerta ancha a su mundo de fantasía, nostalgia y poesía.
 
Poesía que tiene la Virtud de lo sublime y que brota, de verso en verso a raudales, como surge el manantial de cristalina vida entre apretados peñascos, rompiendo rocas, como los hilos de la luz del día rompen el hierro de la oscuridad plena de la noche:
 
¡Para que se haga inmortal
en el mármol de un poema!
 
Este nuevo libro no solo habla muy en alto de un poeta alado en plena madurez creadora, en pleno vuelo, sino que habla también de un jardinero de la rima de verso riguroso, de ardiente gesto, de luces y de soles, de luceros y alboradas, que alza siempre su voz hecha poesía con verso y oración, aprovechando el viento en su mensaje. Y lleva como una llama flameante su inquebrantable fe en la poesía para romper brechas y acortar distancias:
 
¿Tú quieres algo más bello
que darle, al hermano, trigo?
Si no comulgas conmigo
te ahogaran oscuras olas,
y por tinieblas y a solas
“ira tu crimen contigo”.
 
“Las diez alas del poeta” es un hermoso homenaje a la décima y al paisaje del campo cubano que abrigo la desnudez de los pasos infantiles de Francisco Henríquez, que hoy pinta armoniosas acuarelas a veces líricas, intensas, a veces místicas, patrióticas, esperanzadoras. a veces parecen fabulas fabulosas, pero siempre profundas con la miel del alma. Del alma del poeta amigo que me permite con estas palabras alzar también el vuelo de un suspiro hasta la patria descendiente de mis queridas nietas.
 
Desde mi estudio de arte en Noe Valley, San Francisco, California, a 19 de marzo del ano 2000. Hoy es domingo, por escribir este prologo deje a un lado mi bicicleta , mi raqueta y pelotas de tenis y me olvide por hoy del Parque “Golden Gate”, y sus acacias y su hilo de mar.
 
José Bemardo Pacheco (NANDO)
 
 
DEDICATORIA
 
A todos los que aman y cultivan la décima con respeto Y en especial a los poetas que dentro de Cuba han hecho posible que la décima haya alcanzado el honor de ser “La Estrofa Nacional”
A mi amigo José Bernardo Pacheco “Nando”, dibujante de la portada y el autor de es prólogo.
A mi esposa, por el tiempo que le robo.
Mi eterno agradecimiento

FH

1 Mii rioMi rio

Ha sido este San Andrés
mi fuente de inspiración
el que a la imaginación
transmite desde los pies.
Sin dudas un río es, pues
como el imán, atrayente,
pues arrastra su corriente
ensueños y voluntades
y a raves de las edades
el Jordán está presente.
 
NOVILLO DEL SOL
 
El sol –fulgente novillo
que muge junto a la loma–
cuando por mi valle asoma
coge mansamente el trillo.
Lo llevo del cabestrillo
sin cornada ni reproche,
y tras hacer un derroche
de fulgor en el potrero,
recorre como un cordero
los corrales de la noche. 
 
II 
 
Se escapa por la tranquera
que le abrió a la madrugada
la Luna, recién fugada
de la penúltima esfera.
Corre por la sementera
seguido de oscuros canes,
y allende los flamboyanes
llega al borde de la aurora
donde se baña la flora
con líquidos azafranes.
 
III
 
Cuando llega al otro día
pace noble sobre el llano;
lame la sal de mi mano
como si fuera ambrosía.
Recorre la serranía
con docilidad vacuna.
Vuelve a la noche por una
cordillera de la tarde
y sin hacer un alarde
le deja el Orbe a la Luna.
 
IV
Rumia tras el alto muro
que la sombra reconstruye
cuando un fulgor se diluye
desde un ayer sin futuro.
Luego busca el claroscuro
que retrata el horizonte,
y burlando al polizonte
de la noche la negrura
se sale de la espesura
por un portillo del monte.
 
Ya, cuando aparece el Sol,
todo se queda tranquilo,
desde el humilde pistilo
hasta el pétreo caracol.
Y detrás del arrebol
–retazo sanguinolento
colgando del firmamento–
los ríos, no son heridas,
sobre las tierras mordidas
por los lebreles del viento. 
 
VI
Hay paz sobre las colinas,
porque el viso de su lumbre
ya no tiene la costumbre
de asustar las golondrinas.
Recorre las siete esquinas
de la hacienda semanal,
y ya no vuelve al corral
de la noche, enfurecido,
después de haber recorrido
la campiña universal..

 

 
UN ARADO SIN TIERRA
 
I
Vende Don Juan Herrero
viejo arado americano
como el que en suelo cubano
tiene el guajiro sitiero.
Le pregunté a su tendero
qué cuánto por él quería,
y me dijo que no había
precio, que yo le ofreciera;
que con el alma midiera
lo que para mí valdría.
 
II
 
Y yo lo empecé a medir
con muchas cosas de allá:
recuerdos que por acá
me han ayudado a vivir.
Y lo medí por el ir
y venir del huerto al río;
con el tramo del bohío
a la verde guardarraya;
con el ancho de una playa,
con el hondo de un bajío. 
 
III
 
Y lo medí, a mi manera,
con el lento sube y baja
con que el guajiro trabaja
su querida sementera.
Lo medí con una espera
junto a una tarde feliz;
lo medí con la raíz
que bajo el suelo se pierde
y con el milagro verde
de una tabla de maíz.
 
IV
 
Lo medí con el silbido
del central azucarero,
donde se perfuma enero
con el tesoro molido.
Lo medí con el sonido
que deja en la suave hora
la rauda locomotora,
cuando sobre los polines
atraviesa los confines
veloz y ensordecedora.
 
V
 
Lo medí con una amarga
dulzura, bajo un portal,
y con un camino real
donde la espera se alarga.
Lo medí con una carga
de caña cargada a pie,
y lo medí con la fe
de quien tiene la ilusión
de alcanzar con la visión
las distancias que no ve.
 
VI
 
Buscando entre lo mejor
de aquello que más adoro,
no pude hallar un tesoro
comparable a su valor.
Y le dije: Mi señor,
con nada puedo igualarlo.
Y de allí, sin olvidarlo,
me fui silenciosamente…
¡No encontraba suficiente
dinero para comprarlo!

 

DOCE CANTOS A UNA BELLA

 
I
Hace tiempo que no canto
sobre el árbol de tu beso,
porque, cual pájaro preso,
me enjaula tu dulce encanto.
Tú me has hechizado tanto
que de asombro enmudecí,
pero hoy he sentido en ti
como una nueva sorpresa
viendo que te sientes presa:
presa de ilusión por mí.
 
II
 
¡Tus ojos! tus ojos son
como cercanas estrellas
derramando chispas bellas
bajo un cielo de ilusión.
¿Qué divina ensoñación
se hizo eterna llamarada
para que en la noche alada
donde se elevó tu ruego
te prendieran ese fuego
romántico en la mirada?
 
III
 
Cuando en una boca loca
busco la miel de un clavel
entre el clavel y la miel
tu boca se me equivoca.
¿Por qué es tan loca tu boca
en eso de un embeleso?
Y si un embeleso es eso:
llama que el amor inflama,
¿por qué no inflama tu llama
el embeleso de un beso?
 
IV
 
Tu voz es ¡tan musical,
tan musical! que parece
río de amor cuando crece
de lluvia primaveral.
Tu voz es el matinal
canto de los ruiseñores.
Tu voz tiene los rumores
con que la naturaleza
quiso cantar la belleza
para que duerman las flores.
 
V
 
No sé que dioses divinos
en el jardín de qué aurora,
vistieron tu encantadora
gracia, de flores y trinos.
Viniste por los caminos
del perfume y de la brisa,
desde ese huerto que irisa
la luz del amanecer
y me dejaste el placer
de tu cálida sonrisa.
 
VI
 
Flor de un sueño, tu cintura
me ha deslumbrado de veras,
es como si me trajeras
el encanto en tu figura.
De una mezcla de ternura
y de pasiones te han hecho,
y por salirte del lecho
te volviste de perfume
donde el amor se consume,
para perfumarme el pecho
.
VII
 
No sé que voy a inventar,
si puedo ser inventor,
para, a tu multicolor
mundo de ensueños, llegar.
Tal vez hable con el mar
y le copie su lenguaje,
para que tenga el paisaje
los embrujos pintorescos
que lleguen a tu voz, frescos
de agua y luz en mi mensaje.
 
VIII
 
Cuando te busco y te miro,
me siento como si hubiera
pasado la vida entera
junto al sol de tu suspiro.
Siempre te sueño y deliro
con un mundo encantador,
porque tú eres una flor
en cuyos pétalos bellos
resplandecen los destellos
románticos del amor.
 
IX
 
Eres como ese lucero
repartiéndose en fulgores,
para llenar de colores
y sonrisas el sendero.
Me miro en el hechicero
piélago azul de tus ojos,
y así sacio los antojos
de la sed que me domina
sobre la fresca y divina
fuente de tus lirios rojos.
 
X
 
Eres la rosa que embriaga
la existencia florecida
y eres un soplo de vida
para un alma que se apaga.
De una caricia que halaga
premias al poeta triste,
y como por mí sufriste
bajo rigores adversos
te pago con estos versos
el cariño que me diste.
 
XI
 
Por la franja esmeraldina
de la floreciente vega,
sobre el céfiro te llega
mi tonada campesina.
Te doy agua de la tina
que traigo llena, del río,
y hago de todo el bajío
pianos de música verde
cuya música se pierde
bajo el ala del estío.
 
XII
 
Acaricio con mi mano
las flores de la pradera,
como si mi vista hubiera
recién descubierto el llano.
Juega la ilusión del grano
con tus líricos canteros,
y dejo que en los senderos
desheredados de luna,
los cocuyos te hagan una
guardarraya de luceros.

 

BNEGACIÓN

I
Humilde, casi sumisa,
llegabas a mi retiro
y secaba tu suspiro
perfumado, mi camisa.
Te alegraba una sonrisa
tan pura como tu idea.
Te apremiaba la tarea
de acicalar mi ajetreo
con la música de aseo
del piano de una batea. 
 
II
 
Costurera de alegrías
y lavandera de angustias,
lavabas mis horas mustias
y mis ensueños tejías.
Organizaste mis días
sin horario ni ropero,
porque tu amor –tintorero
de ternuras y rumores–
tiñó de nuevos colores
mi viejo traje sitiero.
 
III
 
Tu amor de mujer rural,
mi desilusión tendía
bajo el sol del mediodía
–secadora universal–.
Ondeaba tu delantal
al ritmo de tu cadera…
¡Oh, divina lavandera!
al encender mis pasiones
ibas colgando canciones
blancas, en la tendedera. 
 
IV
 
Te sentí tan hermanada,
tan amiga de mi suerte,
que vi en tus ojos dolerte
mi pobreza almidonada.
Desde entonces tu mirada
dejó de llamarse ajena…
¡Qué buena fuiste, qué buena!
cuando con tus alborotos
zurciste mis sueños rotos
y remendaste mi pena.
 
V
 
Con la pasión de un chiquillo,
guardo bien aquel pañuelo
que, húmedo con tu desvelo,
colocaste en mi bolsillo.
Maestra del dobladillo,
y artífice de la aguja…
Con una virtud que embruja
pusiste luz en mis trapos:
¡les diste fe a mis harapos
y la fe nunca se estruja!
 
VI
 
Muchacha de los rosales
de las castas ilusiones,
tú hilvanaste los botones
de mis vestuarios rurales.
Tú habitas en los ojales
de mi triste guayabera,
y aún en cada primavera
riegan tu recuerdo en flor
las manos de un soñador
que pacientemente espera.
* Tendedero

 

MI CENICERO

I
Este antiguo recipiente
que no sé quién inventó,
mientras pose en mi buró
tendrá un uso diferente.
Sostendrá mi pluma-fuente,
mis lápices y mi tiza,
lejos del necio que atiza
sus vicios y su consumo
y escondido tras el humo
lo perturba con ceniza.
 
II
 
No sé si fue diseñado
para adornar los enseres
que cumplen los menesteres
de proteger el pecado.
Pero yo lo he bautizado
con esencia de rocío,
y mientras que sea mío
no habrá fuma ni colilla
que lo lleven a la orilla
del humeante descarrío.
 
III
 
Permitiré que lo llene
polvo de Miércoles Santo,
la gris ceniza que tanto
dice el devoto que tiene,
de la ceniza que viene
del Santísimo Madero,
consumido al resistero
del misterioso camino…
¡Sólo de polvo divino
se llena mi cenicero!
 
IV
 
Quien consuma un cigarrillo,
se abre a sí mismo una herida,
para que escape la vida
como un espectro amarillo.
Los ceniceros sin brillo
gimen desde sus cristales,
cuando con humos letales
y nicotinas amargas,
sucumben bajo las cargas
de cenizas mundanales. 
 
V
 
Pero el cenicero mío
no aceptará la ceniza
ni la humareda cobriza
del quemadero sombrío.
Mejor se queda vacío
soñando un día postrero,
donde aparezca el lucero
que me conceda la luz
que necesita la cruz
de un amigo verdadero.
 
VI
 
A este cenicero humano
no lo tizna ni lo abruma
la bocanada que ahúma
con su rigor cotidiano.
Se divorció del habano,
del humo y la polvareda,
y no hay prodigio que pueda
llevarlo al mundo del vicio,
ni ha de atraerlo el suplicio
de una noche de humareda.

 

PAISAJE NOCTURNAL
 
I
 
Cuando en un místico lago
la astral fulgencia aluniza,
por la playuela enfermiza
se siente un quejido vago.
El Sol, que reparte, mago,
su esencia enceguecedora,
después de cerrar la hora
de las clavellinas, anda
tejiéndole azul bufanda
al trovador de la aurora
 

I

Por cerros y acantilados
baja el agua pura y nueva,
como una diosa que lleva
los gestos desarropados.
Por valles, montes y prados
va al galope el vocerío,
y en los espejos del río
los reflejos se retratan
con los truenos dilatan
la luz del estrellerío.

II

El agua pura en las hondas
quietudes de los barrancos,
dibuja pañuelos blancos
sobre pocetas redondas.
Cima, senderos y frondas
duermen en silencio puro,
y en el brote prematuro
de la fértil sementera,
derrama la primavera
su olor a rosal madura.

IV

La lluvia se precipita
sobre los surcos abiertos
y reverdecen los huertos
mientras la noche dormita.
El cosmos se desorbita
con cara de luna llena.
El río se desenfrena
dejando viejas matrices
y peñascos y raíces
a su paso desordena.

V

La Luna, como asustada,
se retira hacia la sombra,
dejando atrás una alfombra
verde, tibia, perfumada.
Sobre la cumbre alumbrada
por un resplandor de turno,
cierto encanto taciturno
se prende por vez primera,
bajo una nube que espera
por su celador nocturno.

VI

Cuando llega la mañana,
desastres de melodías
por bosques y serranías
desnudan la luz temprana.
Sobre la tierra lozana
derrama el Sol la belleza,
conjunto de la grandeza
de Dios, inmenso pintor…
¡No existe cuadro mejor
que el de la naturaleza!

 

ORFANDAD

 

I

Niño de la calle triste
vuelto mundana materia;
cautivo de la miseria
que la desventura viste.
Grito gris que no resiste
la sordera de la gente;
vaga sombra balbuciente
sobre la pena de un muro…
¡La esperanza del futuro
sin esperanza presente!

II

Débil figura que abrasa
largo malestar severo…
¡minúsculo pordiosero
que pide de casa en casa!
Cuando por la acera pasa
con su bulto de tristeza,
se mofan de su pobreza
los “los hijos de la ciudad”
donde la gran sociedad
su molicie despereza.

III

Camina de sol a sombra
sin besos y sin abrazos;
amor muriéndose a plazos
y quien lo ve no lo nombra.
Lentamente se descombra
bajo un torbellino atroz,
pues en el medio feroz
del mundo que lo rodea,
tiene una voz sin idea
sobre una idea sin voz.

IV

Recorre las calles sucias
de las barriadas ajenas,
pero de las manos llenas
sólo recibe minucias.
Sobran insanas argucias
que le cierran el camino…
El pequeño peregrino
sigue su senda sin luz
bajo el peso de la cruz
que le depara el destino.

V

Lo desheredó la suerte

de paternales cariños;
con él, lejos de los niños,
la indigencia se divierte.
Vive cerca de la muerte
como parte de un desecho,
y cuando sin pan ni techo
se da cita con el hambre
su tos parece un enjambre
de bacterias en el pecho.

 

VI

Al huérfano le envejece
la mirada y son sus hombros
pequeña pila de escombros
donde la tarde anochece.
Se asoma y desaparece
con su rostro sin malicia,
y cuando de la avaricia
recibe un cariño pobre
tiene dulzura salobre
la mano que lo acaricia.

ESTAMPAS CAMPESINAS

I

Allende el gran lomerío,
donde empieza la mañana,
cruzan la fértil sabana
los claros potros del río.
Distante, sobre el bajío
se empina la palma real,
y desde el viejo portal
cantores de puro acento
sueltan al aire un lamento
por la gran pena rural.

II

El viento –fugaz jinete–

llega por la tarde alada
y se posa en la mojada
tristeza del caballete.
Sobre un blanco taburete,
cargado de senectud,
pulsa un cantor su laúd,
y en su décima sonora
con dulzura rememora
cosas de la juventud.

 

III

Calienta el Sol las divinas
esmeraldas de las lomas
y un enjambre de palomas
vuela sobre las colinas.
Altas nubes blanquecinas
buscan serenas distancias,
y en las nítidas estancias
crecen naranjos floridos
llenando ramas y nidos
de rumores y fragancias.

IV

Baja, desde la montaña,
un mozo, feliz temprano,
y va rumbo al verde llano
donde florece la caña.
Luego vuelve a su cabaña
lleno de tallos hirsutos;
los exprime en dos minutos
y termina aquella escena
con su güira casi llena
de la miel de los canutos.

V

 

Un gañán pulsa el arado

con el temblor de su puño
y se le alumbra el terruño
con un surco iluminado.
Su paciencia cubre el prado
de flor y frutos opimos,
y cuando sobre los limos
trota la jaca montuna
toda la campiña es una
fiesta de hojas y racimos.

 

VI

Por los cálidos linderos
de las huertas vespertinas,
cantan gallos y gallinas
al pie de los ponederos.
Nidales y gallineros
celebran lo acontecido,
donde el estuche ceñido
por su ovalada blancura,
tiene la intención futura
de un pollo medio nacido.

 

EL AGUA

 

I

Agua! Líquido compuesto

de (hidrógeno en porciones
y una de oxígeno) dones
que natura así ha dispuesto.
Se congela y esta presto
para evaporarse. El grano
revienta si en el secano
le penetra su humedad,
y existe en gran cantidad
en el organismo humano.

 

II

El Ártico es provisión
de agua para sed futura
y el Antártico, agua pura
guarda para igual misión.
La conserva la extensión
profunda y ancha del mar,
y es el agua firme hogar
de infinidades de peces…
El agua se agita a veces
con el gran pulmón solar.

III

Hay agua del aguacero,
la que baja de la nube,
y la de vapor que sube
tras gastarse al resistero.
La que descubre el pocero
cuando llega al manantial;
la que junto a un litoral
con ciénagas, se detiene,
y la de playa, que tiene
rachas de marisco sal.

IV

Existe el agua de rosas
como el agua de azahar,
y el agua que al serenar
se beben las mariposas.
Están las aguas ruidosas
del ímpetu de los ríos;
la de regar los plantíos,
la de laguna enfermiza
y la del lago que hechiza
sin oleajes ni desvíos.

V

Sé del agua de la fuente
que retrata los colores,
y dibuja entre fulgores
la belleza transparente.
Sé del agua efervescente
de influencias minerales,
y de las aguas termales
de valiosos elementos,
con elevados por cientos
de vapores naturales.

VI

Pero el agua del Jordán,
que sirve para el bautismo,
salva a todo el cristianismo
de las furias de Satán.
Aguas que vienen y van
tempestuosas o serenas;
aguas puras, aguas buenas
que nos salvan del dolor,
¡y el agua de fe, fulgor
que cura todas las penas!

LA VOZ DEL BOHÍO

I

¡Se me cayeron las yaguas
viejas…! y de cuje en cuje
mi pobre estructura cruje
bajo tormentosas aguas.
De Baires y Demajaguas
he seguido el derrotero,
mas aunque me desespero
y grito por las rendijas,
tengo un sueño de cobijas
nuevas, al pie del alero.

II

Han desgastado mis vigas
vientos, rayos y goteras,
y entre varas y soleras
tienen nidos las hormigas.
Las arañas –las amigas
del cantor de tierra adentro–
cuelgan redes en el centro
de la oscura habitación
y sombra y desolación
se citan para encuentro.

III

Los guanos del caballete
se deterioran por días;
no hay, con tantas averías,
ni un puntal que me sujete.
Mi techo tiene un boquete
por donde el agua se cuela,
y cuando un ciclón asuela
varias millas de la zona,
mi pared se desmorona
y el portal se desnivela.

IV

Mis tijeras de guamá
no aguantan la sacudida
de la terrible embestida
que la tormenta les da.
Mi techumbre se me está
deshaciendo guano a guano,
y cuando en el meridiano
se ve turbio todo cielo,
lagrimea sin consuelo
mi habitante cotidiano.

V

Padezco por lo abundante
que se ha puesto la escasez.
Tantos lustros de viudez
ensombrecen mi semblante.
Por la miseria reinante
quedé sin piso y maltrecho,
pero a pesar del despecho,
del temor y la asechanza,
la estrella de la esperanza
derrama luz en mi techo.

VI

Ya las palmas de la cumbre
vienen llenando las cuencas
de verdes yaguas y pencas
para mi nueva techumbre.
Cuando nuevo sol alumbre
montañas y vegueríos,
y se desborden los ríos
que surcan el fértil suelo,
lloverán luces del cielo
sobre todos los bohíos.

CANTO AL ANAFE

I

Negro y de porte sumiso,
le sobresale el gracejo
de un africanito viejo
que se arrodilla en el piso.
Tiene por encima el viso
de un inútil cachivache,
pero si hay un cambalache
se mete detrás del guano
como si fuese un enano
que vistiera de azabache.

II

Nunca nada tan pequeño,
que tanta negrura viste,
fue tan alegre en lo triste
ni tan triste en lo risueño.
Con la sonrisa del dueño
se torna ardiente derroche,
y parece como un broche
de luz que entre la cobija
se asoma por la rendija
de la pared de la noche.

III

Entre tizne y humo llena
de tenue fulgor la casa,
donde la ley de la brasa
las llamas desencadena.
Como un huerfanito pena
con su carga de ceniza,
pero el braserío atiza
quemando el desasosiego
junto a los rayos del fuego
con que la sombra agoniza..

IV

Sin el fausto del fogón
ni la gracia del hornillo,
pobre, penoso y sencillo
se acoge al pobre rincón.
Lo nutre el puro carbón
de la leña o de la mina,
y al entrar en la cocina
se vuelve hermosa fogata
bajo el fulgor escarlata
del fuego que lo domina.

V

Se enciende cuando la ruda
mano del hombre lo halaga,
y luego el mismo se apaga
revuelto en ceniza muda.
Se anochece entre la duda
que en la pobreza gravita,
pero cuando el mundo grita
con hambre y pide casabe,
cuece un sueño porque sabe
que el hombre lo necesita.

VI

Anafre, anafe o brasero,
nómbrese como se nombre,
le da buen servicio al hombre
tomando el quehacer casero,
y aún la mujer del sitiero
lo prende en la actualidad,
porque es útil de verdad
hasta en las ricas esferas,
cuando airadas ventoleras
cortan la electricidad.

NIETOS

I

Yo creo que un nieto es
la pureza que nos mira
y sin permiso nos vira
los bolsillos al revés.
Nos moja ropas y pies
del modo más inocente…
Nos hipnotiza la mente
y se gana nuestro arrullo
cuando vemos con orgullo
que le sale el primer diente.

II

Un nieto viene, nos ruega
que cantemos para él,
y somos su carrusel
o su gallinita ciega.
Nos mira serio y nos niega
sus cariños, ex-profeso,
pero después el travieso,
sin habérselo pedido,
se nos acerca al oído
y nos premia con un beso.

III

Cuando juega a los soldados
casi siempre gana el juego:
¡Preparen, apunten, fuego!
y nos deja desarmados.
Se enfada con los criados
de sus casas infantiles,
y ordena a los alguaciles
ue se lleven detenidos
a los soldados vencidos
por sus mágicos fusiles.

VI

Si se trata de una nieta
busca el muñeco de trapo
y le da a tomar guarapo
que tiene para su dieta.
No juega con escopeta,
con soldados ni tractores;
pero busca los colores
rosado, punzó y azul
y se cubre con un tul
de llamativos primores.

V

Un nieto siente y adora
con rostro de caramelo,
pues a la palabra abuelo
le inventa un ala sonora.
Un nieto se queja y llora
bajo el techo paternal,
pero si por el umbral
ve la cara de su abuela
enseguida se consuela
y corre a su delantal.

VI

Son ángeles que nos dan
momentos de dicha plena,
pero nos hinca una pena
si vemos que se nos van.
Se prenden a nuestro afán
y nos crecen los desvelos…
¡Qué fuera de los abuelos
sin estos diablillos gratos
que nos roban los zapatos,
la pluma y los espejuelos.

LA VIRTUD

I

La virtud no abunda tanto:
mas muchas veces la ostenta
quien sin ser honrado intenta
pasar por bueno y por santo.
Cubierto detrás del manto
que le ungió la beatitud,
cualquiera siente inquietud
frente a un ínfimo suceso,
¡y ya se imagina que eso
le da el don de la virtud!

II

Para hablar con sensatez:
la virtud nunca ha existido;
todo el mundo ha cometido
sus faltas más de una vez.
Muchos en la inmadurez
de las juergas juveniles,
fueron criminales viles;
igual hicieron de adultos,
y hoy llevan males ocultos
detrás de rostros seniles.

III

Debido a esa dualidad
que la esencia ha dividido,
nadie en su vida ha podido
sostener su identidad.
Dan idéntica bondad
a la rosa y al venablo,
y entre castillo y establo
ven cosas de igual valía…
¡Vagan con Dios por el día
y de noche con el Diablo!

IV

A ese que dice que viene
de un transparente pasado,
mirémoslo con cuidado
para ver si nos conviene.
No creas que porque tiene
cara de noble o sumiso,
ya trae en su ser el viso
con que la virtud nos urge,
ni que su indulgencia surge
como un don del Paraíso.

V

Virtuoso no fue ni quien
con la más sutil pureza,
quiso hacer con la belleza
las comarcas del Edén.
Allí pecaron también
y tuvieron sus deslices,
por eso entre las raíces
de las miserias presentes,
los justos sudan sus frentes
y enseñan sus cicatrices.

VI

Si la virtud se comprara
la gente la compraría,
y después la cambiaría
por una virtud más cara.
De mano en mano pasara
siempre con nuevos valores,
por eso muchos postores,
ven los precios en signos…
¡Hasta los humanos dignos
consiguen sus compradores!

 

HORA DEL OSCURECER

I

Éxtasis en que el paisaje
parece que está de duelo,
y en los harenes del cielo
deslumbra el mejor ropaje.
Sombrío, se quita el traje
de piedras el caracol.
La diosa del arrebol
se pone su blusa roja
y la tarde se despoja
de su chaqueta de sol.

II

Los postigos de las puertas
de miradas ojivales,
miran con ojos glaciales
las horas que pasan, muertas.
Por las ventanas abiertas,
muchachas de rica cuna,
se asoman a ver la Luna
que, como un pájaro blanco,
se posa sobre un barranco
de la placidez montuna.

II

Allá, en la plaza redonda,
se siente el canto nocturno,
de un centinela de turno
que se equivocó de ronda.
Se dan cita en la rotonda
guardianes y damiselas.
El aire, en las callejuelas,
con la noche se percude,
y el sueño la alcoba elude
seguido de duermevelas.

IV

El can del viento se asombra
ladrando al sol de la cuadra,
y a ratos sale y le ladra
a la voz que no lo nombra.
Los reflejos de la sombra
llevan un fulgor al hombro,
y a veces, para el asombro
de los que adoran la cruz,
se suele vestir con luz
de eternidad, el escombro.

V

En los sótanos oscuros,
los ojos de la vejez,
aceptan por lobreguez
el grafito de los muros.
Afuera, sobre los duros
rasgos –ladrillo y cemento–
se ilumina el pavimento
con el paso de las llantas
de las últimas volantas
que regresan del convento.

VI

A lo lejos duerme el río
su sueño de piedra ruda,
y sobre su piel desnuda
se acuesta el estrellerío.
El mundo y su vocerío
no hieren el escenario,
sino cuando el vecindario
se ensucia de luces fatuas,
y toman color de estatuas
las torres del campanario.

LA CEIBA

I

Por ser la reina absoluta
que domina sobre el monte,
tras el distante horizonte
todo el porvenir escruta.
Febo, que dora su fruta.
cuando llega la estación,
pulsa para que el vellón
entre eclosiones estalle,
y eche a volar en el valle
sus pájaros de algodón.

II

Crece en lugares de roca
y también en la llanura,
donde su esbelta figura
casi que las nubes toca.
A reverenciarla invoca
la cristiandad que la mira,
y entre todo lo que inspira
cierto misticismo queda,
que en toda la rosaleda
se mueve, canta y suspira.

III

Desde una edad ya pasada,
y aún en la época presente,
se persigna mucha gente
bajo su sombra sagrada.
Cuando en la tarde soleada
todo el campo reverbera,
los hatos de la pradera
buscan su sombra divina,
mientras sigue en la colina
cantando la primavera.

IV

El hombre la ve serena
soportar ventosas rachas,
y nunca afila sus hachas
para herirla en su faena.
Cuando se desencadena
con su furia el huracán,
sus raíces siempre están
como si fueran un muro
que se quede firme y duro
con los golpes que le dan.

V

Hay mucha gente sencilla
que bajo sus ramas ora,
y por creerla bienhechora
en su tronco se arrodilla.
Bajo la aureola que anilla
su gran fervor milenario,
suele decirle un rosario
los caminantes que llegan,
y a su misterio se entregan
como si fuese un santuario.

VI

Parece que el cielo quiso
darle gracia de amuleto,
y que inspirara respeto
sobre todo el Paraíso.
Junto al tronco erecto y liso
gira el viento de soslayo,
y las tormentas de mayo
con toda su intensidad,
respetan la inmunidad
que posee contra el rayo.

 

LA MUERTE DE ANTONIO MACEO:

I

Nadie su grandeza iguala
ni en honor ni en valentía.
Los dones de su hidalguía
son ejemplo, esencia y ala.
¡Qué lástima que una bala
de azarosa procedencia,
se llevara su existencia
por caminos tenebrosos,
¡ya cerca de los hermosos
días de la independencia!

II

El valor del patriotismo
muchas veces se oscurece,
si en el traspatio florece
la indignidad del racismo.
Viento gris de anexionismo
se agitaba a cada rato,
porque un grupo timorato
que nunca fue a la pelea,
no le era feliz la idea
de un presidente mulato.

III

Duele que la mano artera
que en la sombra disparó,
del suelo patrio cambió
la libertad verdadera.
Porque su destino era,
por derechos soberanos,
ser para nuestros hermanos
justo el primer presidente,
por su postura valiente
con y para los cubanos.

IV

Con la muerte de Maceo
Cuba quedó dando tumbos,
y encaminada por rumbos
contrarios a su deseo.
Desde entonces el trofeo
lo repartió el más osado,
y con su sueño esposado,
la manigua noble y brava,
vio la patria semi-esclava
por un tiempo ilimitado.

V

Cuba plegó su destino,
cuando acabó la contienda,
bajo la oprobiosa “enmienda”
que le impuso su vecino.
Cortó su vuelo y su sino
la “protectora atadura”,
y cuando esa ligadura
la dejó coger aliento,
se eternizó el sufrimiento
de una en otra dictadura.

VI

Duele que la trayectoria
no la cuenten como es,
los que tienen interés
en falsificar la historia
Ninguna gesta ilusoria
cambia la gris realidad,
porque decir la verdad
nada tiene de ofensivo,
ni nunca será motivo
para herir la dignidad.

EL BUENO

I

¡Ser bueno equivale a tanto!
Quizá ser bueno es la brega
del hombre humilde que llega
y apaga el fuego del llanto.
Lo bueno perdura en cuanto
la conciencia hable por ello,
pero no siempre el destello
que le da valor al hombre,
resulta ser de su nombre
lo más fiel ni lo más bello.

II

Los hombres tienen momentos
que por la justicia mueren,
y momentos en que hieren
hasta con los pensamientos.
Es porque los sentimientos
se manchan al ver el oro,
que se reparte en el coro
de la adulación mundana,
donde la justicia humana
pierde su augusto decoro.

III

No deben ser los favores
para que nos los devuelvan,
sino para que resuelvan
ciertos pesares menores.
Pero los grandes dolores
que nos arriman los años,
no se curan con engaños
ni con elogios de estreno,
porque el título de “bueno”
no cura los desengaños.

IV

Bueno puede ser quien dé
porciones de lo que tiene,
y se duela del que viene
pidiendo socorro a pie.
Quizás es quien da fe
donde está la fe perdida
cicatrizando esa herida
que se forma bajo el tedio,
con el sagrado remedio
de una dulce bienvenida.

V

Bueno yo le llamo a aquel
que del orgullo se aparte,
y sin mezquindad reparte
mucho de su propia miel.
Bueno es hacerse más fiel
del otro que de sí mismo.
Bueno es quien el egoísmo
con gesto de olvido entierra,
y la angustia desencierra
de su horrendo pesimismo.

VI

El rostro de la clemencia
despide una luz tan pura,
que a veces alivia y cura
las más terrible dolencia.
Los buenos con su inocencia
nos dan su amor por regalo…
¡Pero, si están por un halo
de luz, del empíreo, llenos,
¿por qué razones los buenos
pierden todo contra el malo?

 

EL PÁRROCO, EL METEORÓLOGO 

Y EL INGENIERO

I

La fe, si crece fundada
sobre el ojo de una tumba,
con el tiempo se derrumba
y allí queda sepultada.
La fe debe estar basada
solamente en la verdad.
Fuera de esa realidad
es engañarse uno mismo,
y jamás el fanatismo
fue signo de claridad.

II

Se puede confiar en todo
lo que de confianza sea,
pero es una mala idea
confundir con agua el lodo.
Poner derecho un recodo
requiere de ingeniería,
y aunque la sabiduría
llegase del más allá,
la curva no cambiará
por arte de brujería.

III

Ten fe, siéntate en la acera
y acaricia un dulce anhelo.
¡Nada ha de llegar del cielo
ni con cien años de espera!
Ya verás que no hay manera
que te salves del castigo,
porque si tú buscas trigo
debes ir del trigo en pos,
pero no esperes por Dios
porque Dios ya está contigo.

IV

La fe por lo verdadero
tal vez realice prodigios,
pero se va sin vestigios
si es falso su derrotero.
No esperes en tu sendero
que todo te venga a mano,
porque en este mundo vano
nada por milagros viene…
¡Tales dones no los tiene
ni quién dirige el arcano!

V

El hombre tiene el empeño
de adorar esas deidades
que a través de las edades
son la imagen de su sueño.
Su dios se vuelve su dueño
y a su antojo lo esclaviza.
¡Tanto en su afán idealiza
la ilusión, que se hace santo,
para envolverse en un manto
de sombra, miedo y ceniza.

VI

Echa mano a cualquier “ismo”
para usarlo hasta el abuso,
pero siempre da más uso
donde haya más fanatismo.
Redunda sobre lo mismo
con la misma intransigencia,
y al final de la existencia
piensa que está consagrado,
pero sin haber triunfado
tras dos siglos de insistencia.

VII

Permítanme que les cuente
lo que en meteorología,
no hace mucho me exponía
cierto sabio del ambiente.
Dijo así: En un caso urgente
cuando todo se ha secado,
con un avión equipado,
para el caso, el sabio sube,
y tras bombardear la nube
llueve sobre el seco prado.

VIII

Me hizo clara narración
de una historia verdadera,
de los días en que él era
meteorólogo en función.
Me dijo: En una región
tan grande era la sequía,
que decidieron un día
bombardear los nubarrones,
y crear las condiciones
para ver si al fin llovía.

IX

Unos pocos días antes,
caravanas de creyentes,
ya venían impacientes
desde regiones distantes.
Llevaban los caminantes
sus vírgenes y oraciones,
y le hacían peticiones
al divino dios del agua,
para que sobre la fragua
lloviera sus bendiciones.

X

Mientras esto sucedía,
nuestro párroco en la zona,
que era excelente persona,
como los demás, sufría.
Pero un seco mediodía
cuando llegó al paradero,
topó con el ingeniero
que iba a cruzar la meseta,
para, desde su avioneta,
provocar el aguacero.

XI

Justo en este mismo día
llegarán los peregrinos,
que por todos los caminos
van a mi feligresía.
Dijo con gran alegría
nuestro párroco sereno…
Cayó mucha lluvia y trueno,
y todo el mundo, engañado,
creyó que eso había pasado
por obra de un ángel bueno.

XII

El cura, esa misma noche,
trató con el ingeniero,
y lo llevó al merendero
trasladándolo en su coche.
Le ofreció todo un derroche
de comidas y de vinos,
mientras que los peregrinos
volvieron a sus cabañas,
a contarles sus hazañas
a los curiosos vecinos.

 

MI NIÑA

I

He visto a mi niña enferma
cinco lustros día y noche,
que entre la cama y el coche
parece un montón de esperma.
No me pide que la duerma
porque no piensa ni siente,
por eso a veces mi frente
trata al mundo con recelo,
y todo el fulgor del cielo
se me escapa, indiferente.

II

En el principio pensé
que el remedio llegaría,
y aunque de pena moría
con gran devoción recé.
Por largo tiempo esperé
que el milagro sucediera,
pero vi que el dolor era
cada día más profundo,
y dejé que todo el mundo
que me rodeaba, muriera.

III

La voz de sus ojos parcos
es callada, seca y fría,
lo mismo que una bahía
que se quedara sin barcos,
O lo mismo que dos charcos
que en la placidez montuna,
fueron víctimas de alguna
tormenta de ardiente magua,
y se han quedado sin agua
¡de tanto esperar la Luna.

IV

Cuando duerme yace como
si el ser se le hubiese ido,
y el cuarto queda sumido
bajo un silencio de plomo.
Si a su camita me asomo
para ver cómo respira
y mi exhausta mano tira
de la sábana, despierta,
y como un adulto, alerta,
sobre su colchón se estira.

V

Por ciertos ruidos que emite
de su malestar me entero;
me hace, a veces, un puchero
y su enfado me transmite.
Pero aunque no llore o grite
le adivino lo que quiere,
y lucho porque se entere
que me tiene allí, a su lado,
y que vivo preocupado
por la sombra que la hiere.

VI

Sus dos frágiles manitas
se mueven como dos remos,
para juntar los extremos
entre ilusiones y cuitas.
Son áncoras sus piernitas
fondeadas en mar vacío.
A veces invento un río
para un barco de papel,
y cuando subo al bajel
soy víctima del hastío.

RACIOCINIO

I

Aun estando el guía muerto,
si se aferra a sus despojos,
con los remos de sus ojos
arriba sin muerte a puerto.
La furia del mar abierto
sube y baja en la marea,
pero aquél que timonea
la nave cuando se hunde,
después que todo se inunde
rumbo a puerto brujulea.

II

El temporal, aunque arrecie
y arrase con la montaña,
nunca llega a la cabaña
de quien la luz justiprecie.
La tormenta es una especie
de fulgor hecho al revés,
que toma fuerza a través
de cierto latente influjo,
y que, como por embrujo,
se vuelve brisa después.

III

El rabo de nube baja
como escobilla redonda,
y en el piso de la fronda
no deja polvo ni paja.
Los robledales desgaja,
desordena el caserío,
y cuando mudo y sombrío
vuelve a su casa en la nube,
como un ladronzuelo sube
llevando a cuestas el río.

IV

El alto pico erupciona:
con tentáculos de lava
y es un pulpo que socava
los derrumbes que ocasiona.
Sus víctimas amontona,
se hace tenue su apetencia,
y después que la violencia
lo sumerge en un letargo,
se recuesta un siglo largo
junto a su gris residencia.

V

Del abismo, no se sabe,
–viéndolo desde la cima–
si es para que nos redima
nos asuste o nos acabe.
Por su sombra todo cabe,
todo lo absorbe y abarca.
Si pensamos en la Parca
nos llena de escalofrío…,
semeja un charco vacío
donde la noche se encharca

VI

El mar, que soporta el peso
de la estrella que lo rige,
toma los muertos que elige
y los sepulta, ex profeso.
Y si un repentino exceso
de muertes, su tumba llena,
perturba la paz terrena
dejando correr la ira,
cuando los despojos tira
sobre la sal de la arena.

 

RECORDANDO A MI MADRE

I

Yo vi en la necesidad
con que mi madre vivió
y lloré cuando murió
perdida en la adversidad.
Llegó apenas a esa edad
que llamamos media rueda
y en mí su recuerdo queda
como un arañazo agudo,
recordando que no pudo
nunca vestirse de seda.

II

La miro en el más allá
y en el subconsciente llevo,
su voz de vestido nuevo
que es solo de harapos ya.
Mi paso a su tumba va
redondo de misticismo.
Para unirme al idealismo
que su sueño malogró,
me deshago de mi yo
para llegar mi mismo.

II

Tengo la voz mutilada,
silenciosa y alma adentro,
desde que su desencuentro
me dejó al pie de la Nada.
Cabalgan en la mirada
los jinetes de su esencia,
pero pierde mi demencia
los nortes de cada cosa,
frente al punto de su fosa
y la marca de su ausencia.

IV

La busco sobre la viva
ruta que la sangre deja,
y rumio mi propio queja
sin ninguna perspectiva.
Mi voz se gasta cautiva
pues tengo la certitud,
de no alcanzar la virtud
que rompa silencios rojos,
para quebrar los cerrojos
con que cierra su ataúd.

V

En ese mundo infinito
que tiene forma de hueco,
solamente queda un eco
para responderle al grito.
Se funden verdad y mito
con una misma función,
pero aunque toda razón
con la lógica razona,
su fuerza se desmorona
junto al exiguo panteón.

VI

Yo sueño con darle un ala
–la de más fúlgido vuelo–
para que engalane el cielo
con su más preciosa gala.
Porque cuando se acorrala
la ilusión tras el gemido,
sólo quien ha conseguido
florecer en el escombro,
no se asusta del asombro
y puede más que el olvido.

POLICROMÍA

I

El viento la tarde anisa
como de oriental esencia,
y un canto de reverencia
retumba en cada cornisa.
La hora –jinete aprisa–
se va por un nuevo atajo,
y el río, que nunca trajo
mejor agua que este otoño,
se trenza de luz el moño
y se acuesta boca abajo.

II

Entre palmas paralelas
con las últimas barrancas,
como nubecillas blancas,
pace un hato de gacelas.
En las floridas parcelas
de la llanura lindante,
Febo –mozo del levante–
deja un viso policromo
sobre la sabana, ¡cómo
verde sábana flameante!

III

La pálida luz que llora
presa del origen rancio,
con azúcar de cansancio
quiere azucarar la hora.
Pero estruja y decolora
la gracia del mestizaje,
cuando pone en el paisaje
dudas de la certidumbre,
dándole voz al herrumbre
para que use su lenguaje.

IV

Núbiles muchachas van
con el fulgor vespertino,
tras el lóbrego destino
que las estrellas les dan.
Lo que buscan con afán,
nunca dicen lo que es,
pero se sabe, a través
de los años, desde otrora,
que lo que les sirve ahora
no les servirá después.

V

Nada produce más dudas
sobre el corazón que esa,
pobre luz de la promesa
dada en ocasiones rudas.
Cada vez que a Dios acudas
búscalo en el subconsciente,
que así vas a hallarte frente
de pronto, a la realidad,
con esa santa humildad
que se nos hace presente.

VI

Sigue a las palomas puras
que van en un alto vuelo,
 y cruzan del turbio suelo
 las barricadas oscuras.
Desde arriba, las llanuras
 del mar miran a su paso,
y recogen sin retraso
luz de la región aquella,
para deslumbrar la estrella
que se apaga en el ocaso.

 

ENTONCES

I

Desde que tu voz sedujo
las esencias de mi yo,
mi yo se me esclavizó
con la magia del embrujo.
Mi voluntad se redujo
casi al predio de la Nada,
y la vida quedó atada
por una fuerza tan pura
que me tiene esa atadura
la ambición idiotizada.

II

Llegaste como quien viene
de regreso de haber ido
donde un mundo sin latido
niega los sueños que tiene.
Sé que tu ser se detiene
frente la tarde vencida,
y queda la voz prendida
como una luz en los huertos
donde los brazos abiertos
te dicen la bienvenida.

III

En los oscuros rincones
de mis jardines espurios,
yacen rumores y augurios
de las nuevas ilusiones.
Por las altas estaciones
reaparecen tibias playas,
y en las firmes atalayas
a las que un amor se aferra,
mi celo por ti te encierra
para que nunca te vayas.

IV

Me halaga la cantarina
voz de lirio y de panal,
que vuela sobre el rosal
como alondra vespertina.
Tu gesto dobla la esquina
rumbo al huerto cotidiano,
donde el arpa del verano
vibra cuando la recibe,
la dulce voz del aljibe
que surte el bosque lejano.

V

Cuando la tarde te vio
fue de algazara su risa.
Mi corazón sin camisa
prado afuera sonrió.
Después la tarde murió
y la luz murió sin ti…
Sin quererlo te seguí
por el huerto abandonado
como si hubieras marchado
con mi corazón sin mí.

VI

Solo me queda el asombro
que apresé en la tarde bella,
¡cómo quien cogió una estrella
para enjaularla en el hombro!
Siempre te sueño y te nombro
con una voz sin sonido,
porque no quiero que el ruido
perturbe la paz del huerto
donde parece que ha muerto
mi esperanza sin un nido.

 

PAISAJES

I

Ante el mágico derroche
del matutino arrebol,
los carceleros del sol
desencarcelan la noche.
Y la Luna –carricoche
descarrilado en la altura–
descarga su carga pura
sobre el cauce amanecido,
y el monte –dios aburrido–
bosteza tras la negrura.

II

El orto –sutil colmena–
riega de olorosas mieles,
montañas de canisteles
y boscajes de azucenas.
En tanto manos ajenas
no se adueñen del panal,
dentro y fuera del rosal
habrá un remanso de estío,
donde el arrullo del río
se rompe como un cristal.

III

El Sol reparte sus oros
por los valles y los cerros.
Distante ladran los perros
tras un rebaño de toros.
La tarde da sus tesoros
para enjoyar la ribera,
y el arroyo en la pradera
pone a pulir sus alhajas,
mientras llena las tinajas
con agua de primavera.

IV

La inmensidad del espacio
se rompe en ondas azules,
y a los lacios abedules
les remoza el gesto lacio.
Lo mismo junto al palacio
que en la modesta cabaña,
su fulgencia le rebaña
las matinales gavillas
a las blancas nubecillas
que devoran la montaña.

V

Bajo el esplendor solar
se estremece el alto monte
cuando el azul horizonte
se confunde con el mar.
Los arrullos del pinar
son ecos de nuevo piano,
y la eclosión del verano
deja que el fulgor lo bese,
¡cómo si el Señor hubiese
detenido el meridiano!.

VI

La llanura –verde hamaca–
se tiende para la siesta,
sobre un campo todo fiesta
de algarrobo y de albahaca.
La brisa, igual a una jaca,
se hace trote intermitente,
y cuando por Occidente
se escapa el último rayo,
la tarde sufre el desmayo
de la hora opalescente.

COSAS DE MI TIERRA

(Décimas en verso blanco)

I

Ha tiempo, cuando tenía
mi conuco junto al monte,
me despertaban temprano
las aves de la floresta.
Me vestía con mi traje
y zapatos de montero,
y bajaba por la sombra
de la orilla de laureles
donde pastaba mi potro
sobre el prado verdecido.

II

Disfrutaba a mi albedrío,
después de los aguaceros,
al llenarse la hondonada
junto a la quietud del monte.
Aquellas aguas cien veces
llegaron a los corrales,
pero cuando la tormenta
dejaba la tierra herida,
cantaba otra vez mi gallo
posado sobre los troncos.

III

Siempre serán infelices
los que no vieron el vuelo,
que tendían en los campos
las codornices ariscas.
O la lluvia de maíz
que alegra las aves mansas,
o cómo dulce y alegre
cantando llega una moza
donde su mozo trasquila
las vacas en el aprisco.

IV

En las tardes de torneo
y las noches de parranda,
nunca llegaba el cansancio
para interrumpir el brío.
La hora siempre se me iba
como si fuera de azogue,
y entre familia y amigos
la armonía era un conjuro
de dicha tan placentera,
que en el recuerdo florece.

V

De aquellos días aún guardo
las más grandes emociones,
cual si guardara un tesoro
dentro del cofre del pecho.
Van grabados en mi mente
las frescas hondas del río,
los cascos de mi alazán,
las luces de los cocuyos,
y el escándalo que hacían
las gallinas sin nidales.

VI

Entiendo que el tiempo pasa
y que muchas veces borra
las imágenes que fueron
amores de aquel pasado.
Pero de mi mente nunca
se borrarán los recuerdos,
que campo adentro viví
desde la misma niñez,
en un bohío de guano,
de yagua y piso de tierra.

 

DISTANTE

I

Esa atracción que se mueve
como un fulgor a lo lejos,
me recuerda los reflejos
del Sol posado en la nieve.
La vida es un soplo breve
–pobre duende escurridizo–
que le damos un bautizo
y que sólo a veces cabe,
donde la conciencia sabe
ser la dueña de su hechizo.

II

El recuerdo es algo así
como rumor que se cuela,
desde una rosal que enmiela
la dicha que no es de aquí.
Yo quiero sentirme allí
por tener cerca el allá,
por eso el ensueño va
en la inspiración del vuelo,
por un cielo que no es cielo
y un acá que no es acá.

III

En ese allá que no existe
me siento intranquilo ya,
porque injustamente allá
la luz de sombra se viste.
Yo, que dejo de ser triste
para ser de mi inquietud,
pienso que a la senectud,
que le dio canas al verso,
ya, dentro de mi universo,
le adeudo honda gratitud.

IV

Las mil causas imprecisas
y engañosas tras el rasgo,
se divierten como el trasgo
de las viejas histrionisas.
Hay veces que las occisas
musas del recuerdo se han
ido al mundo donde están
claros, distantes antojos,
en busca de ciertos ojos
que nunca suyos serán.

V

El sueño que se abre paso
en pos de playas amigas,
igual vence las ortigas
del orto que del ocaso.
Y si tuviera un fracaso
su ilusión o fuese rota,
desde la región remota
se viese, a la vuelta, presto,
pues su vida tiene un puesto
que se opone a la derrota.

VI

Por eso desde el lejano
punto de otro Continente,
levanta la idea un puente
sobre el inmenso oceano.
Por él irán de la mano
la libertad y el asedio,
para salirse del predio
de las brumas tenebrosas
que sombrean esas cosas
que ya no tienen remedio.

 

CANTO A LA HISPANIDAD

I

Por los caminos del mar
parten unos navegantes.
Buscan regiones distantes
del gran sol peninsular.
Fue un intrépido bogar
con un objeto impreciso,
y tocaron de improviso
los encantos de las tierras,
en cuyos valles y sierras
se encontraba el Paraíso.

II

Un segundo y tercer viajes
le dieron al gran marino,
un bosquejo esmeraldino
de América y sus paisajes.
Al regreso, en homenajes
los reyes se le rindieron,
y los sabios aprendieron
muchas cosas del planeta,
cuando su palabra escueta
con admiración oyeron.

II

Cuando daba cuenta al rey
sobre los descubrimientos,
hubo algunos rozamientos
entre la insidia y la ley.
Fue ignorado por su grey
al perder la ingente lid,
y quien fuera un adalid,
recibe injusta condena:
muere olvidado, ¡de pena
herido, en Valladolid!

IV

Pero su aguda intuición
logró el efecto fecundo,
de llevar al Nuevo Mundo
la luz de otra dimensión.
Tuvo en la fértil región
su asiento la hispanidad,
y España vivió la edad
de oro, de su Monarquía,
¡pues el Sol nunca moría
por toda su inmensidad!

V

Las misiones padecían,
al hacer nuevos hallazgos,
a merced de cacicazgos
que sus tierras defendían.
Como en América ardían
de las hogueras las, brasas,
por el dolor de las masas,
tal un agua de concordia,
mostró su misericordia
Bartolomé de Las Casas.

VI

Algunos años después
fue una gloria para España,
cada acción y cada hazaña
de Velázquez y Cortés.
Otros pasan a través
de las regiones andinas…
De idiomáticas doctrinas
dejaron signos y señas,
en las regiones norteñas
y las Pampas argentinas.

VII

Cual jardín, cada ciudad
de la América Latina,
se embellece y se ilumina
y aumenta su densidad.
En la nueva sociedad
del consenso americano,
pierde terreno lo indiano,
la voz del nativo mengua,
cuando se impone la lengua
cadenciosa del hispano.

VIII

Es el esplendor que baña
la tierra, la prometida
tierra, luego compartida
por América y España.
Los rencores, la cizaña
que solían herir antes,
no son motivos bastantes
ni dolores que importunen,
a estos lazos que nos unen
con la patria de Cervantes.

IX

Con símbolos verdaderos
las culturas se enraízan,
y los hombres se deslizan
por caminos duraderos.
Nacen de aquellos iberos
los nuevos americanos.
Ya sean padres, hermanos,
o primos. De todos modos,
a ellos les debemos todos
los sentimientos cristianos.

x

Cuando España domicilia
sus hijos aquende el mar,
tiene por meta aumentar
los núcleos de una familia.
Tal hermosa hispanofilia
cualquier complejo rechaza,
y la Madre Patria abraza
con inmensa gratitud,
la desprendida actitud
con que se acopla la raza.

XI

Vibro y canto por aquellos
de quienes tomé el idioma,
y me envuelvo en el aroma
con que se saturan ellos.
Bajo los mismos destellos
se desenvuelve la vida,
pues bajo idéntica egida
el pensamiento se eleva,
cuando cada vida leva
la misma sangre vertida.

XII

De los hechos sucedidos
ya se cuentan muchos años,
mas, si ayer fueron extraños
hoy no son desconocidos.
Están fuertemente unidos
los pueblos de aquí y de allá,
y la distancia se hará
cada vez de menos millas,
porque todas las rencillas
han quedado muertas ya.

 

INVITACIÓN

I

Ven y goza de un paseo
por el valle yumurino,
y en el Pan esmeraldino
desgrana tu canturreo.
Las lomas de Coliseo
vibrarán con tu cantar.
Junto a Varadero el mar
te dará perlas extrañas,
y te abrirán sus entrañas
las Cuevas de Bellamar.

II

Por aquí los ojos tuyos
se quedarán tan absortos,
que pensarán que son ortos
las luces de los cocuyos.
Algo más al Sur, en cuyos
lares se alzan los bateyes,
por las naturales leyes
verás los predios guajiros,
que conforman los retiros
cercanos a Unión de Reyes.

III

El San Andrés, un sutil
arroyo, como un espejo,
se desliza bajo el viejo
puente del ferrocarril.
Con las sequías de abril
tiene el cauce seco y duro,
ero en mayo te aseguro
que es creciente su marea,
y en las noches rumorea
con dulcísimo conjuro.

IV

Más adentro, donde el bravo
guajiro los campos labra,
mil nudos a la palabra
le ponen signos de esclavo.
Duele en él cada centavo
que su destino le aguarde,
confundido entre el alarde
del chirriar de los trapiches,
y el son con que las rabiches
cantan al sol de la tarde.

V

Es que al sentir los silbatos
de algún monstruo azucarero,
ve que a las puertas de enero
llega el dolor sin zapatos.
Yugos, mochas, garabatos,
transitan con pasos broncos,
y atropellada en los roncos
apuros de cortes y alza,
gime la angustia descalza
sobre los ásperos troncos.

VI

Las cañas recién cortadas
traspasan como puñales,
los techos y los fanales
de las frías madrugadas.
Las carretas van cargadas
por el campesino huerto,
sin comprender el incierto
destino que nos acecha,
¡con tres meses de cosecha
y nueve de tiempo muerto!

 

DEFINICIONES SOBRE LA FE

I

La Fe no cura, la Fe
tan solo da la esperanza,
pero ni siquiera alcanza
para aclarar el porqué.
Poco vale si uno fue
devoto de una doctrina.
Si la suerte determina
que ya nos llegó la hora,
le pone fin a la aurora
y la esperanza termina.

II

Tengo Fe, diciendo va
quién vive de pordiosero,
y espera del limosnero
las limosnas que le da.
Pero la limosna es ya
dádiva sujeta al vicio,
si el dadivoso, propicio
resulta a los deshonores,
cuando pretende favores
a cambio del beneficio.

III

La Fe muchas veces viste
la túnica del engaño,
y para su propio daño
medra de lo que no existe.
Por milenios se resiste
su mirada a echar venda.
Donde levante su tienda
vende lo que no posee,
y la humanidad le cree
sin que lo vende, entienda.

IV

Como siempre malbarata
la mercancía que lleva,
siempre es cosa nueva
para la grey timorata.
La gente a la Fe se ata
con tan ciego desatino,
que se le olvida el camino
que debe usar de regreso,
y se ha quedado, por eso,
sin lógica, su destino.

V

La Fe tiene rostro largo
y de nada se alimenta,
por eso no representa
ni lo dulce ni lo amargo.
Vaga con el pobre cargo
de dar paciencia y sostén,
pero aquellos que la ven
como seguro remedio,
perecerán en el predio
de su anochecido edén.

VI

Lucha contra la verdad
ese, que adore lo falso,
y castillos, de un cadalso,
levante en la oscuridad.
Nunca entre la falsedad
pudo crecer la luz buena.
Quien un palacete estrena
sobre mundanal balumba,
verá que se le derrumba
como una ilusión de arena.

 

MONORRIMAS

I

Ni en la noche más oscura
que ha tenido la negrura,
han podido, a la cultura,
derribarla de su altura.
Siempre firme, se apresura
a transmitir su mesura
a través de la voz pura
de la expresión que fulgura,
pero cuando más perdura
es si queda en la escritura.

II

Casi siempre el hombre culto
sabe actuar como un adulto,
y le hace frente al insulto
igual que un jurisconsulto.
Se deshace del estulto
como salirse de un bulto,
y no deja nada oculto
ni olvidado ni sepulto,
ni necesita el indulto
que le propone el tumulto.

III

El culto no se deslumbra
con el fausto que acostumbra
a brillar en la penumbra
pero luego apesadumbra.
Su firmeza no se encumbra,
ni se opaca ni se herrumbra,
y solamente relumbra
cuando la verdad columbra
y la razón se vislumbra.
y el camino se le alumbra.

IV

Su palabra tiene un toque
para darle claro enfoque
a lo más triste que evoque
sin que jamás se equivoque.
Cuando cualquier alcornoque
insiste en tener un choque,
no es raro que lo coloque
en aprietos y disloque
su sentido, o lo sofoque,
lo domine y lo derroque.

V

Sabiamente siempre aboga
por la razón, no se ahoga
en un agua demagoga
ni contra el oleaje boga.
Cuando discute o dialoga
oye al que se desahoga,
pero cuando lo interroga
de tinieblas lo desfoga,
le da de la buena droga
y aquí la cosa epiloga.

VI

Es normal que se propague
su bien, y que siempre pague
al amigo que lo halague
aunque su mano se llague.
Pero después que divague
y la ilusión se le apague,
será mejor que se trague
el mar, antes que naufrague,
o su ruta se encenague
sin encontrar un enjuague.

 

QUEJA LEJANA

I

¡Ya ves! Esta vez tu grito
no cayó en un saco roto.
Tu voz –hálito remoto–
riega mi huerto marchito.
Tu voz cruza El Infinito
por ser la dueña del ala,
y tan hondamente cala
por mis abstractos países,
que sobre los días grises
viste de esplendente gala.

II

Tu grito es como la esencia
que un nuevo fulgor augura,
–relámpago en que fulgura
mi nocturna transparencia–
Donde imanta su cadencia,
se hospeda el color del cielo,
y se envuelve en tanto celo
la impaciencia del sonido,
que de la orfandad del nido
levanta un rumor el vuelo.

 

CANTO A JIMMY RYCE

I

Ni con el más noble lloro,
ni con el mayor desvelo,
toda la bondad del cielo
podrá borrar el desdoro.
Cientos de ángeles en coro
se enlutarán con la escena,
pero la angustia que llena
miles de almas es tan dura,
que la noche es más oscura
y se hace un grito la pena.

II

Me lo imagino indefenso
frente a la ofensa cobarde,
bajo el miedo de la tarde,
sorda a su terror inmenso.
Cuando oprimido lo pienso
se me vuelve un río el llanto,
y me crezco en un quebranto
que es un túmulo de luz,
junto al fulgor de la cruz
que le cuida el campo santo

III

Para este crimen sin hombre
se pide un nombre apropiado
pero no hay quien haya dado
con las letras para el nombre.
Pues aunque la pena asombre
y el mundo pierda el sostén,
yo he querido darle un buen
nombre, que salve el archivo,
¡pero no hallo el sustantivo
con el cual nombrarlo, bien!

IV

Niño, voy hacia a tu lado
deshecho de mala sombra.
Voy a ti sobre la alfombra
que tu sangre ha purpurado.
Como en mí quedaste alado
y me ufano ser tu amigo.
Quisiera ser juez, testigo,
defensor, ¡lo que quieras!
!De ese morir, que murieras,
padezco el dolor contigo!

V

Tu muerte enflora ese parque
donde mudos mausoleos,
se harán fuentes y paseos
¡hasta donde Dios lo abarque!
Cuando un resplandor enarque
la sombra que nos abruma,
se hará fulgencia la bruma
para que una estrella caiga
sobre tu parque y te traiga
la paz que alienta y perfuma.

VI

Él, ¿dónde estaba?, tal vez
será la pregunta en flor,
si comprendiera el dolor
cuán honda es la desnudez.
Los sueños de tu niñez
volarán detrás de un cirio,
mientras que irrigan tu lirio
las aguas del sentimiento,
y florece un monumento
que engalana tu martirio.

 

DEFINICIÓN TEOLOGAL

I

Dios, al nuevo ser que nace
le dice: Toma, el destino
tuyo es éste, y ya tu sino
justamente a tus pies yace.
Después el hombre se hace
su mundo de bien mal:
Por él triunfa un ideal,
si logra ascender la cumbre,
dando, luego, paz y lumbre
para el bien universal.

II

Dios, al nuevo ser que llega
le dice: Toma, tu vida
tiene una exacta medida
y como tal se la entrega.
Más tarde su mente brega
con su vida y halla en eso
su fracaso o su progreso,
depende de su actitud,
¡porque ninguna virtud
consagra a nadie ex profeso.

III

Dios únicamente inflama
la pavesa que ilumina
pero en nada determina
si da triunfos o difama.
Sopla, pues, y de la llama
todo el fulgor lo rodea.
Pero el Hacedor, que crea
todo –lo malo y lo bueno–
–jamás concibió el veneno
para envenenar. la idea.

IV

Dios no tiene que seguirnos,
pero nos persigue, fiel,
si de los dominios de Él
torpemente optamos irnos.
Cuando queremos unirnos
a dioses de Ciencia Oculta,
siempre el viaje nos resulta
ser de una existencia falsa,
pues se nos hunde la balsa
y el mar en él nos sepulta.

V

El mundo vive en el nicho
de tanto torpe creyente
que ya no sabe la gente
si dar, por cierto lo dicho.
Muchas veces un capricho
nos parece una doctrina,
sin un hecho que defina
si hay certitud en la ruta,
mientras no tiene la gruta
la inspiración que ilumina.

VI

El hombre necio se embruja
si sueña un dios de sí mismo
y envuelto en su fanatismo
la esencia de Dios estruja.
Si vive siendo un granuja,
pudiendo ser un modelo,
vuelve su inmoral recelo
contra el Reino del Señor,
¡porque le viene mejor
echarle la culpa al cielo!

 

LA CRUZ

I

Existe gran confusión
en el Imperio Sagrado.
Todo está desordenado
dentro de la Institución.
Tenemos a los que son
creyentes a ciega fe,
y no saben el porqué
se abrazan al crucifijo
donde clavaron al hijo
de María y de José.

II

José –sabio carpintero
y fabricante de cruces–
quiso barnizar con luces
de eternidad, el madero.
Enseñó con noble esmero
a Jesús, el duro oficio,
pero ignoraba el novicio
que la cruz –objeto falso–
iba a erigir el cadalso
de su propio sacrificio.

III

“La cruz es sagrada”, jura
mucha gente, y no lo creo,
porque detrás de ella veo
todo un mundo de tortura.
La cruz fue pesada y dura
la mañana del castigo,
de Jesús, y fue testigo
de ello una etapa sin luz…
¡El hombre carga la cruz
aunque se muere sin trigo!

V

“La cruz es luz”, atestigua
la convicción nazarena.
Lo dice la gente buena
desde la edad más antigua.
Todo el mundo se santigua
si presiente su llamado
y deja el rostro clavado
sobre la cruz del lamento,
mas el arrepentimiento
nunca limpiará el pecado.

V

La gente noble y le asigna
bendiciones de mil modos;
unos lo hacen por sus lodos,
y otros creyendo que es digna.
Mas todo el que se persigna
frente al templo con euforia,
nunca lo hace por su historia,
ni porque quiera ser bueno,
sino para que el veneno
no le oscurezca la gloria.

VI

El hombre se dogmatiza,
besa de la cruz el sello,
y ya piensa que con ello
se escapó de la ceniza.
Tal gesto le garantiza
la gracia del mundo pío,
y así repite el desvío
creyendo que la piedad
le ha dado la libertad
de vivir a su albedrío.

 

MADRE ES…

I

Madre no es la dama bella
que en un alegre segundo,
nos concibe para un mundo
que después nos atropella.
Madre es la mujer aquella
que el día que nos alumbra,
a su amor y nos acostumbra
con los afectos más caros,
lo mismo en los días claros
que en los días de penumbra.

II

Madre no es esa mujer
que rueda de copa en copa,
con mucha seda en la ropa
y poca seda en su ser.
Madre es esa del quehacer
noble en el hogar querido,
que si un vástago aturdido
de su lecho se levanta
llega, lo besa y le canta
hasta que lo ve dormido.

III

Madre no es esa locura
que recorre las cantinas
con lujuria en las retinas
y una llama en la cintura.
Madre es esa mujer pura
que toda la casa enmiela,
y si un torbellino asuela
la santidad de su techo
sentada junto a su lecho
se pasa la noche en vela.

IV

Madre no es la del encuentro
con los mundanos despojos
de mucha risa en los ojos
y poco entusiasmo adentro.
Madre es brújula en el centro
que las tormentas controla,
y cuando como una ola
todos rehúyen del mal,
al pie del hijo, puntual,
se queda la madre ¡sola!

V

Madre no es la que visita
la casa de mal ejemplo
y después visita el templo
con cara de mucha cuita.
Madre es esa que se quita
los sustentos de su boca;
que da el agua que le toca
con inmenso regocijo,
y si se le enferma un hijo
casi que se vuelve loca

.
VI

Madre no es la vil que deja
su niño en el brazo ajeno
y nunca siente en su seno
ni la más mínima queja.
Madre es esa que no ceja
cuando su bondad prodiga,
y si una angustia castiga
la existencia de su niño
por su constante cariño
logra que Dios la bendiga.

 

EL DINERO

I

Yo pienso que es el dinero
cosa gris que viene y va;
si hoy en mis manos está
tal vez fue tuyo primero.
Yo a pesar de que lo quiero
lo tomo y lo distribuyo…
Y el valor que le atribuyo
sale de un cálculo frío:
¡nada vale cuando es mío
pero vale cuando es tuyo!

II

Con una simple ecuación
tendremos por resultado
que ningún acaudalado
tiene un noble el corazón.
Y si hace una transacción
entre dinero y decoro,
no se sabrá si el tesoro
que ofrece la mano ajena
podrá remediar la pena
que causa el brillo del oro..

III

El dinero es de valor
en los muchos menesteres
de comprarse los enseres
que engañan con su color.
Mas no perturba el amor
del hombre puro y sencillo:
pues en conclusión su brillo
se esconde en la billetera
cuando un avaro cualquiera
se lo mete en e bolsillo.

 

¡SABES…!

I

¡Sabes porque te amo tanto!
pues porque bajo tu pelo
parece que surge el cielo
como por divino encanto.
¡Qué cuánto te adoro! cuanto
ya te han dicho mis afanes,
desde que a los tulipanes
llegaste regando sonrisa
y fuiste de brisa en brisa
con tus tibios ademanes.

II

Tu gracia viene de donde
cierta bandurria precoz
pulsa el eco de una voz
que a la súplica responde.
Y aunque la mirada ronde
con un fulgor en la punta,
debo pensar que es difunta
para no invadir su siesta,
porque a veces la respuesta
duele más que la pregunta.

III

En el encuentro sucinto
donde la tarde te endiosa,
me perfumas de una cosa
que me hace vivir distinto.
Pero no vibra mi instinto
por una ilusión jimagua,
porque llegas a la fragua
con tu sed fija y ardiente
para mostrarme la fuente
desde la ausencia del agua.

 

¡AH! MUJERI

I

¡Ah! mujer, cuanta ilusión
me ha tomado, al conocer
que en el huerto de tu ser
florecen beso y pasión.
Las alas de mi emoción
son símiles de la abeja,
que viene, posa, nos deja
la caricia de sus mieles
y luego por los vergeles
borracha de amor se aleja.

II

Mis canas y mis arrugas
te parecerán hermosas
si cuentas las mariposas
que salen de mis arrugas.
Y si en tus días enjugas
mis noches de lobreguez,
comprenderás que mi tez
se añeja como los vinos
al transitar los caminos
que inauguro en la vejez.

III

Nunca has de vivir aparte
del afecto que nos une
porque la ilusión reúne
amor, mujer, sueño y arte.
Mi manera de adorarte
tiene una forma tan pura,
que puede vestir de albura,
ponerse a besar tu piel,
y adueñarse de la miel
sin molestar la dulzura.

IV

En mis ensueños te miro
como la diosa más bella,
como una lejana estrella.
como un cercano suspiro.
Y en mis pasiones deliro
que sobre raudos corceles,
voy y canto a los vergeles
donde con sol y ambrosía,
se inciensa una romería
de innovados canisteles.

V

Tu voz es para endulzar
con más dulzor al sapote,
y entre cirios se alborote
de mieles el colmenar.
Tu voz tiene ese cantar
que de joven me dormía,
cuando aún yo no conocía
las medidas y el acento
que con la mano del viento
se vuelve intensa armonía.

VI

Tu tienes de la campiña
los perfumes y colores,
cuando con embrujadores
ritos, se incendia la viña.
Para que el campo te ciña
sus coronas de azahares,
visitas los colmenares
y a la vera de la fuente
sonríes con un torrente
de rumores y cantares.

 

LA VAGABUNDA

I

Anoche, cuando sentí
sus pasos en el conuco,
le eché mano a mi jabuco
y tras sus huellas me fui.
Sin darme cuenta corrí
por la estepa como un loco…
¡Si la tuve mucho o poco
se sabrá si hay una huella
porque no sé quien es ella
ni ella lo sabe tampoco!

II

Esta inquieta vagabunda
de las noches sin vergeles,
va cantando por los rieles
de la humanidad, jocunda.
La noche que la circunda
se burla de los despojos
con que pintan los abrojos
las alas de los destellos

y ha percudido con ellos,
de arcoíris, sus dos ojos.

III

¡Si supiera cómo rabio
cuando sus coqueterías
envuelven mis picardías
en las redes de su labio!

Pero mi ancestral resabio
su impaciencia disimula,
porque su gracia estimula
cierto prurito de apremio
y en mis venas de bohemio
sangre universal circula.

IV

Por no provocar sus iras
la sigo con mi constancia
mientras crece la distancia
y mi sueño se hace tiras.
Suele propagar mentiras
de amor entre los vecinos,
y después bajo los pinos
se pone a dormir desnuda
sin que la asalte una duda
por todos sus desatinos.

V

Lleva una ilusión a cuestas
y su ensueño entre sus jabas
mientras va tocando aldabas
que nunca le dan respuestas.
Mueren mustias sus protestas
sobre olvidadas paredes.
¡La sed le ha tendido redes
para que cese el combate
y el agua exige un rescate
para hacer libres sus sedes!

VI

Limosnera de arreboles:
deja que tu voz mendiga
coloque el sol de la espiga
con espigas de otros soles.
Quiero que mis caracoles
se hermanen a tu destino,
porque cuando el asesino
del tiempo nos estrangule
quizás ya nadie deambule
la sombras de este camino.

 

SI PUDIERA ESTAR CONTIGO

Glosa

“Y mi amor es un mendigo
que desnudo el hombro lleva,
¡qué dicha de ropa nueva
si pudiera estar contigo!”

                           Rafael Rubiera
I

Aquí voy cantando el lloro
de mi sueño desvelado,
por el camino nimbado
con tus lentejuelas de oro.
Caigo junto al incoloro
color del agua sin trigo,
pero aunque feliz espigo
mieles sobre tu destello
tú eres un mensaje bello
y mi amor es un mendigo.

II

Es que aquí donde Dios alza
tu voz –hálito risueño–
la musa gris de mi sueño
gime su angustia descalza.
Y si un aliento me ensalza
–humo que desde una cueva
sobre las nubes se eleva–,
luego tu imagen brumosa
vaga como una haraposa
que desnudo el hombro lleva.

III

A veces cuando me inspiro
siento las manos intactas
para contar las abstractas
monedas de algún suspiro.
Y espero junto al zafiro
de las ilusiones de Eva
que sobre mi polvo llueva…
¡Ah! si a mi longevo traje
lo adornara un nuevo encaje,
¡qué dicha de ropa nueva!

VI

Pero no. Cuando en el alto
camino, tu voz me asalta,
siento que la luz me falta
y sufro, de aliento, falto.
Creo, a veces, oír el salto
de la fuente que persigo,
pero siempre hay un testigo
que me dice: Aquí no es.
¡Qué distinto fuera, pues
si pudiera estar contigo!

 

MADRIGAL

I

Tengo una deidad indiana:
mujer de veras hermosa
que es la verdadera diosa
del jardín de la mañana.
Dios le dio de una sultana
dulzura, amor y nobleza,
y a tal punto de grandeza
la exalto cuando la miro
que se me sale un suspiro
dulce como su belleza.

II

En el rayo de una estrella
no sé cómo ha recogido
la esencia y el colorido
para ser tan dulce y bella.
Parece que el cielo en ella
quiso hacer una excepción,
y le ha puesto un corazón
de paz, de amor y de miel
y un alma como un vergel
que me salva la ilusión.

III

En una nueva Tesalia
sus ojos son dos luceros
que con el influjo de Eros
fosforecen mi Castalia.
Lleva su pie la sandalia
que le ungió la fantasía,
y es su cuerpo, yo diría,
las mil llamas de la tarde
donde a veces Eros arde
sin quemar su anatomía.

IV

Cuando de sus labios gruesos
me da el sol de una sonrisa,
por el cielo y por la brisa
se siente un rumor de besos.
Y absorto en los embelesos
de una exaltación suprema,
la premio con la diadema
de una deidad oriental,

¡para que se haga inmortal

en el alma de un poema!

 

UNA LÁGRIMA

I

¡Una lágrima! No más

eso anhelante quisieras

ver rodar por mis ojeras,

¡No sé si verla podrás!
¿Es que no sabes quizás
que esa minúscula gota,
muchas veces no se nota
por ocultarse en el centro
del alma; lo más adentro
que tiene una vida rota?

II

¿Qué mi poema ha logrado
lágrimas de tus pupilas
y de tus noches tranquilas
el sosiego te ha robado?
Quizás haya despertado
la ilusión que es diferente
si por la sangre se siente
como el ímpetu de un río,
como un viento del estío,
como el agua del torrente.

III

¡Una lágrima! Si hubiera
lágrima alguna en mis ojos
para endulzar tus antojos…
con cuánta dicha la diera!
Lágrima, que por sincera
puede ser dueña del mundo,
y en espacio de un segundo
llenar de arrullos la vida,
como la ola embravecida
del mar revuelto y profundo.

 

FÁBULA

I

Un burro estaba cansado
de oír hablar a los poetas
sobre rosas y violetas
de perfume delicado…
Cómo vivía intrigado
fue a visitar un jardín,
y de uno al otro confín
buscó, furioso el color
de la renombrada flor
motivo de su trajín.

II

Al fin encontró la rosa,
y con grotesca ansiedad
sació su curiosidad
al morder la flor sedosa.
Luego, con risa morbosa
dijo: “Y a esto los autores
genios, vates, soñadores,
le han llamado exquisitez…
Juro que más de una vez,
degusté cosas mejores”.

III

Así, la torpeza humana
con ambición material
del jardín espiritual
muerde la rosa lozana.
Y es que en tibia mañana
del divino advenimiento,
como el borrico del cuento,
con asombrosa insolencia,
no ve mérito en la esencia
de las rosas del talento.

 

EPIGRAMAS

I

Cuando estoy en una fiesta
de baile, de canto y chiste,
mi mujer me dice triste
que un zapato le molesta.
Ella culpa, en su protesta,
al zapato, del porqué,
pero yo tengo mi fe
y a mí me parece ingrato
querer culpar al zapato
de los problemas del pie.

II

Cuando Juan el zapatero
quiso aprender el oficio,
se hallaba escaso de juicio
y era lento y chapucero.
Su jefe le dijo, austero:
cose un par de los baratos,
pero empleó tantos ratos
que acabó un año después
y ya se hallaban sus pies
más grandes que los zapatos.

III

Dijo Inés: Voy a pelar
las papas para freír,
y a mí me dio por reír
esa manera de hablar.
Me parece que mondar
resulta mejor modelo,
y así trata con desvelo
la lengua suya y la mía…
¡La verdad que no sabía
que hubiera papas con pelo!

 

GLOSA

“Quisiera darme la muerte
porque a los muertos envidio,
pero me espanta el suicidio
porque morir es no verte”.

               Antonio Plaza (poeta mexicano +)
I
Si de la humana arboleda
fueras árbol, correría
y desde él me colgaría
con mi corbata de seda.
La dicha en el alma queda
cuando morir nos divierte,
tras colgar del gajo fuerte
de un árbol crecido en ti…
Si mi muerte ocurre así
“quisiera darme la muerte”.

II

¡Te imaginas!, yo colgado,
y que mi cuerpo se estire,
y que la gente me mire
sin saber que soy mirado.
Talvez alguien preocupado
piense que es un homicidio,
pues morir es un fastidio
y eso parece que asusta…
Pero a mí morir me gusta
“porque a los muertos envidio”.

III

En la piel del rostro yerto
late una ilusión de fe,
mientras el cuerpo se ve,
para muchos, casi muerto.
Verse muerto sin ser cierto
pinta un preso sin presidio.
Yo contra esa idea lidio,
llevando un arma secreta…
La muerte nunca me inquieta
“pero me espanta el suicidio”.

IV

Para el mundanal temor
cualquier exégesis huelga…!
Ya es tarde y un cuerpo cuelga
de un árbol cuajado en flor.
Cortad la corbata: ¡Amor
yace en la hojarasca, inerte…!
¡Ya es hora de que despierte
y que empiece a revivirme…
Jamás pensaré en morirme
“porque morir es no verte”.

 

GLOSA

” Cuando la luna declina
debajo de los mameyes,
me pongo a enyugar los bueyes
porque es hora de fajina”.

        Juan C. Nápoles Fajardo El Cucalambé.

I

Yo despertaba mi tedio
tarde en la noche, a la una,
cuando cortaba la luna
la campiña por el medio.
No quedaba más remedio
Que, echar mano a la cantina
que con boniato y harina
preparaba mi mujer,
y que se suele comer
“cuando la luna declina”.

II

La madrugada, que trae
la belleza de una moza,
por la pradera retoza
mientras el relente cae.
La paciencia se distrae
con los rompezaragüeyes,
torciendo suaves yareyes
para enyugar la boyada,
que rumia en la madrugada
“debajo de los mameyes”.

III

Junto a la quieta laguna
grazna de miedo un guariao,
que se asusta con el vaho
que expele la grey vacuna.
Pasa en puntillas la luna
sobre riscos y magueyes,
y cuando los babineyes
se quedan a media sombra,
sobre la pajiza alfombra
“me pongo a enyugar los bueyes”.

IV

Bajo inclemencias cerriles
crujen barzones y yugos,
de cuyos rectos tarugos
cuelgan coyunda y frontiles.
Baches, charcos y carriles
plagan la zona vecina,
y ya listos; Perla Fina
y Grano de Oro, la yunta
guía, a la central despunta,
“porque es hora de fajina”.

 

GLOSA

Mujer, tienes que gustarme,
no sólo por tus ternuras,
sino por ciertas locuras
que eres capaz de inculcarme.

                       Anónimo
I

Si ves juntos a dos seres
no es por la casualidad;
más bien por la afinidad
que emiten sus caracteres.
Tú, mujer, desde ya eres
fulgor para alucinarme,
para traerme y llevarme
por aceras caprichosas…
¡Por esas sencillas cosas,
mujer, tienes que gustarme!

II

Me gusta cómo te mueves
con tus joyas o sin ellas,
y cómo haces horas bellas
de los minutos más breves.
Me deleita que me lleves
por calles claras y puras,
en donde me transfiguras
en hombre puro sincero.
Y así verás que te quiero
no sólo por tus ternuras.

III

Deja que nublen los focos
nuestros, las miradas chicas,
que así, cuando mortificas,
mortificas a unos pocos.
Vámonos como dos locos
sin temores ni ataduras
haciendo mil travesuras
porque una mujer agrada,
no por seria y recatada,
sino por ciertas locuras…

IV

Aunque para la conquista
baste con tomarse un té
y más tarde decir: fue
cariño a primera vista…
Yo no soy tan cabalista:
yo pienso que para amarme
complacerme y confortarme,
basta olvidar los martirios
y, encender estos delirios
que eres capaz de inculcarme.

 

GLOSA

Te darán en vano abrigo
otros climas y otras playas,
pues dondequiera que vayas
irá tu crimen contigo.

         Versos de Gaspar Núñez de Arce

I

Esos colmados de pieles,
de plata y de rica ropa,
que pasean por Europa
mostrando sus oropeles…
Me parecen más infieles
que el más infiel enemigo,
por eso yo no los sigo
ni tú seguirlos debieras…,
que esas playas extranjeras
“te darán, en vano, abrigo”.

II

Quien vaya al suelo natal
con una cesta en la mano,
sólo le lleva al hermano
lo más justo y esencial.
Yo vuelvo al predio rural,
de típicas guardarrayas,
que tú por necio soslayas
pensando que van a darte
más lujo, grandeza y arte,
“otros climas y otras playas”.

III

No vale que las regiones
ricas del mundo recorras,
porque con eso no borras
todas tus claudicaciones.
Podrás atender funciones
teatrales, si lo ensayas;
o subir los Himalayas
vanidosos, dando tumbos,
pero llegarás sin rumbos
“adondequiera que vayas”.

IV

Te divorciaste de aquello
con un culpable abandono,
y aunque vives en un trono
muy poco tienes con ello.
¿Tú quieres algo más bello
que darle, al hermano, trigo?
¡Si no comulgas conmigo
te ahogarán oscuras olas,
y por tinieblas y a solas
“irá tu crimen contigo”.

 

En Cuba, una mañana de julio de 1998

A CARILDA OLIVER LABRA

I

¡De Carilda! ¿Qué sentir
por Carilda Oliver Labra?
Carilda es una palabra
que es más que para decir.
Nació para arder y uncir
con hilos de amor el ser…
Carilda crece en tejer
tules con su aguja fina,
y en la noche femenina
puede soñar y envolver.

II

Carilda no se substrae
frente a ningún vendaval,
y puede ser un puntal
cuando el ánimo se cae.
Su voz anima y distrae
desde siempre. Se supone
que su palabra le pone
música a dos ríos… Y es
quien influye a Milanés
de luz… ¡si se lo propone!

III

Carilda, al verme a tu lado,
aunque pequeño parezca,
tú haces que mi dicha crezca;
crezca y me sienta elevado.
Cuánto de casa me has dado
para mi voz sin recinto…
Desde ya todo es distinto:
pues en tu casa los puntos
más apartes están juntos;
¡juntos para ser un plinto!

IV

Volveré, por renacer
con tu voz y con tu verso,
que será volver converso
de la sombra al rosicler.
Es como un reamanecer
tras habitar en lo oscuro;
resurgir de un inseguro,
pasado sin ser pasado,
y sentirse encaminado
a un futuro ¡con futuro!

V

Carilda, ¿cómo volver
a desfilar mis pupilas,
por las arenas tranquilas
de tus mares de mujer?
¿En un sueño, podrá ser
mi tardo regreso a ti?
¡O debo salir de aquí
–recodo sin arroyuelo–
con el permiso del cielo,
del mar y del Yumurí!

VI

No fue la hora temprana
de un vaivén para marear,
porque tú eres como el mar
que dormita en la mañana.
Debí volver con la ufana
visión que la tarde envía;
–más allá del mediodía–
cuando, “si te desordenas”,
el mar pasa por tus venas
¡y las vuelve una bahía!

 

ES QUE CUBA SIGUE ALLÍ

I

Cuba no es ni un frenesí
ni un estado ultraterreno;
Cuba es un verde sereno
de San Antonio a Maisí.
Es que Cuba sigue allí
con su monte y su jutía.
Cuba es una canturía
que dura toda la noche,
¡y es poético derroche
de la puesta al otro día!

II

Cuba empina un bacardí
si le recitan los nombres,
del ejército sin hombres
que anda suelto por ahí.
Es que Cuba sigue allí
y resiste al mundo terco.
Cuba sacrifica un puerco
por un motivo cualquiera,
mientras otro puerco espera
su muerte detrás del cerco.

III

Cuba es miel y daiquirí,
carnaval, parranda y son,
y es también desolación
si queremos verla así.
Es que Cuba sigue allí,
rumba, salsa y zapateo,
y no le falta un torneo
para una tarde guajira
¡cosa que su gente mira
omo su mejor recreo!

IV

Cuba es álamo o jiquí
y es fogón de pura leña,
y es una noche pequeña
sobre el vuelo de un totí.
Es que Cuba sigue allí:
desveladora en La Habana,
bullanguera en Tropicana,
romántica en la Marina…,
¡”mientras la luna declina”
dentro del Copacabana!

V

Cuba es ajiaco y congrí,
en casi todas las cenas,
por eso las Nochebuenas
no son iguales que aquí.
Es que Cuba sigue allí
con sus ríos y sus playas,
y tiene sus guardarrayas
–caminos de palmas bellas–
y un cielo lleno de estrellas
por dondequiera que vayas.

VI

Cuba no está muerta ni
padece mortal amnesia,
aunque ya, sin anestesia,
le han clavado el bisturí.
Es que Cuba sigue allí,
con su panorama bello…
Para lo triste de aquello
canta la voz del aljibe,
y la hamaca del Caribe
la columpia en un destello.

VII

Cuba es pan de ajonjolí
para endulzar un guateque,
y fuego en el bajareque
del tostador de maní.
Es que Cuba sigue allí:
es Oriente y sus chiquillas;
es Matanzas y Las Villas;
es La Habana, Camagüey,
Pinar del Río… –Yarey
bajo el sol de Las Antillas.

VIII

Cuba, porque a verla fui
para que nadie me cuente,
no es igual ni es diferente
que aquella en que yo nací.
Es que Cuba sigue allí,
soñando un sol venidero.
Con el alma al resistero
de la más ardiente arena,
tiene el don de una sirena
que suspira en Varadero.

 

UNA LOA POR MATANZAS

I

Quien te vea desde el suelo
que te une con La Habana,
te ve como una espartana
ciudad que cayó del cielo.
Pensadores de alto vuelo
–discípulos de Martí–,
preguntan al Yumurí,
al San Juan y a tus arenas,
“si tú surgiste de Atenas
o Atenas surgió de ti.”

II

Los que por el Sur te ven
siempre te quieren mirar
circundada por un mar
de rocas y de henequén.
Por carretera o por tren
deleita alcanzar tu hondura,
mas si el férreo viaje apura,
resulta más asombroso
verte desde el escabroso
círculo de la Herradura.

III

Por el Este, por el Este
la sierpe de la Central,
se arrastra en tu litoral
lenta, nostálgica, agreste.
Hasta tu puerta celeste
llega cargada de valles,
y tú le ofreces tus calles
y tus ríos y tu casa…,
¡y ya por eso se pasa
toda la noche en Versalles!

IV

Por el Norte, por el mar,
no sé…, pero yo diría
que ir a ti por tu bahía
debe ser para soñar.
La más espectacular
de tus entradas es ésta,
por eso al oír la orquesta
marina tomar tu espacio,
las ninfas de Bonifacio
se visten para la fiesta.

V

El Pan se alza como una
gran dama que se platina
la sien, con la mortecina
quintaesencia de la luna.
Tenue nube le embetuna
ligeramente un costado,
mientras en el otro lado
la roca chisporrotea,
con la penúltima brea
del sol que huye desolado.

VI

El Canímar, que se hincha,
como un potro desbocado
se quita el freno acerado
y las bandas de la cincha.

Por Triunvirato relincha,
porque el aire lo disloca,
y saltan de roca en roca
los grillos y las estrellas,
por las vírgenes y bellas
campiñas de Camarioca.

VII

Cuando tu litoral arde
bajo la llama febea,
la resolana chispea
por la orilla de la tarde.
La bahía es un alarde
de peces y caracoles,
y al ver que los arreboles
entre nubes se divierten
de súbito se convierten
en un centenar de soles.

VIII

El Estero en mil esteros
convierte quietud y murria,
si aparece en la bandurria
la voz de Sergio Mederos.
Poetas y henequeneros
se congregan en El Abra,
para escuchar la palabra
que llega sobre el zafiro
del mar y trae un suspiro
de Carilda Oliver Labra.

 

AL GRAN DECIMISTA MATANCERO,

Sergio Mederos Pérez.

I

Como con tu voz alcanzas
valles, colinas. esteros.
montañas. ríos. luceros.
de tu querida Matanzas;
Tú, que vives añoranzas
de la Ermita. del ciprés.
de Plácido y Mlanés…
pinta a Matanzas profusa.
pues si la “pintas confusa”
todo te saldrá al revés.

II

Si yo, cómo tú, pudiera
pintar a Matanzas. vate.
la Ermita de Monserrate
fuese mi labor primera.
Lo haría desde su acera
cualquier mañana de enero.
mas tú, como matancero
que eres -y pintor sin par-
no haces bien con esperar
que yo la pinte primero.

Ill

Yo, para pintar El Abra
desde la roca más cruda,
debo recabar la ayuda
de Carilda Oliver Labra.
Tómame por la palabra
y busca del cielo el tinte;
deja que todo se encinte
de colores y de instantes.
y píntame El Abra antes
de que yo vaya y la pinte.

IV

Como tú, nadie más pudo
pintar bien El Yumuri,
por eso he venido a ti;
por eso a tu mano acudo.
No permitas que mi rudo
pincel lo embarre y estruje:
deja que el tuyo lo embruje
con los más finos detalles
antes que desde Versalles
mi impaciencia lo dibuje.

V

Píntame. pues. El San Juan.
de cierto astral colorido.
donde influya el parecido
misterioso de Él Jordán.
Yo le temo ¡al qué dirán!
los fanáticos del Greco.
si les respondiera el eco
que yo. desde una piragua.
en vez de un río con agua
pinté un río mustio y seco.

VI

Yo, cuando el Canímar pinto.
su amistad con el me salva:
con tintes de incienso-malva
le inyecto un color distinto.
Pero si tú. con tu instinto.
puedes mejorar sus bienes.
píntalo, pues: ¡ahí lo tienes…!
Si alcanzas tanta fortuna
tendrás el aplauso de una
muchedumbre de henequenes.

VII

Para que pintes El Pan
con otros tintes y lumbres.
desde las vecinas cumbres
yo iré detrás de tu afán.
Este es El Pan donde dan
las estrellas sus adioses.
y aunque tú nunca reposes
y digas que es de Matanzas.
sé que por mis alabanzas
le pertenece los dioses.

VIII

Pintado El Pan, en olvido
no se quedara El Palenque.
“como un elefante enclenque”
gastado. triste. aturdido…
Bien lo alegro yo o te pido
que tú. que ya lo conoces.
lo ensalces y lo remoces
con tu más rico pincel…
¡Oye a Jacinto y Gabriel
que te lo piden a voces!

IX

Si Pueblo Nuevo te diera
la luz de sus noches claras.
yo sé que tú lo pintaras
de la más sutil manera.
Pero yo también quisiera
pintarlo. mas no me atrevo.
porque sé que si lo muevo
de su lugar más ambiguo.
no será su acervo antiguo
¡ni sombra de Pueblo Nuevoy

X

Yo, para dejar las Cuevas
de Bellamar, más bonitas.
cambio sus estalactitas
por estalactitas nuevas.
Tú, sin embargo, las llevas
y les das baños de mar:
las pintas de luz solar.
al género de Murillo…
¡por eso no pierden brillo
las Cuevas de Bellamar!

Miami, 1996

 

YA VUELVE LA NAVIDAD

I

Ya vuelve la Navidad
con su cara de fortuna
para hacer feliz a una
parte de la humanidad.
Cuanto mayor claridad,
tenga, mayor es el daño
que representa el engaño…
Me desgarra el niño triste
que la miseria desviste
con luces de fin de año.

II

Ya sé que es la Navidad,
bajo estrellados torrentes,
una de las más fervientes
fiestas de la Cristiandad.
Pero aún en la oscuridad
Jesucristo no se acuesta,
y arden en muda protesta
los más fuertes adjetivos,
contra los burdos motivos
¡que motivaron la fiesta!

III

Ya sé que esta Navidad
va a ser como la anterior
Navidad, que en el licor
se ahogó la gris realidad.
Es que siempre la verdad,
si con temores se nombra,
ni se levanta ni asombra
las fuerzas de la avaricia,
que piensan que la justicia
vive mejor en la sombra.

IV

Yo sé que hoy la Navidad
manos abyectas, la exprimen
y luego tratan que el crimen
les quede en la impunidad.
Pero cuando de esta edad
cese el dolor que aniquila,
si el hombre nuevo asimila
la transformación terrena,
no ha de ser la Nochebuena
la oscuridad que encandila.

 

EL AMOR NO TIENE EDAD

I

Mujer, tú eres un desvelo
que se convirtió en mujer,
y se ha metido en mi ser
para que crezca mi anhelo.
Contigo creo que el cielo
tiene más gracia y fulgor,
porque enciende tu calor
la llama pura y suprema,
con la cual arde el poema
donde se abrasa el amor.

II

Cuando angelical asomas
a ver mi mundo deshecho
me figuro que en tu pecho
tiembla un nido palomas,
Jardín de mieles y aromas,
son tus labios –primavera
crecida junto a una hilera
de insuperables marfiles–
y en cuyos blancos perfiles
la pasión del beso espera.

III

Desde el fondo de tus ojos
–lagos que yacen dormidos–
llegan ardientes sonidos
de insospechados antojos.
Y en esos palacios rojos
donde mi sueño te endiosa,
creo que eres más hermosa
que una princesa de Oriente
cuando un príncipe valiente
la conquista y la desposa.

IV

Yo, para soñar contigo,
me voy del antro terreno,
y visito el mundo bueno
de la esperanza y el trigo.
Y allí, lejos del castigo,
de la pasión y el desdoro,
ya saben cuánto te adoro
as noches y las estrellas,
y por qué sigo las huellas
de tus zapatillas de oro.

 

CANTO A SIMÓN BOLÍVAR

I

Hombre mezcla de cóndor y jaguar:
tan de patria y de pueblo se forjó
que a la América el nombre le extendió
desde el borde de un mar al otro mar.
Por guerrero, por noble, por pelear
exento de mezquinas ambiciones,
hizo libres a un grupo de naciones
de grilletes, de látigos y yugos…
Ante él sucumbían los verdugos
por temor al rugir de sus leones.

II

Hombre mezcla de trueno y Aconcagua:
desde un punto brillante de la cumbre,
derramó por su pueblo amor y lumbre;
repartióle a su gente panes y agua.
Cuando quiso la guerra fue de fragua;
cuando quiso las paces fue de anhelo…
Tuvo un cóndor su frente para un vuelo
de una punta del austro a la otra punta,
como un ala sin límites que junta
las montañas de América y el cielo.

III

Hombre mezcla de sueño y democracia:
justo, honesto, jovial y visionario,
de su concepto revolucionario
la justicia afloró como una gracia.
Gentil patriota cuya aristocracia
lo ungía de sincera sobriedad;
su imagen le ganó la potestad
de poder conseguir esa victoria,
¡por eso al fenecer se fue a la gloria
con los laureles de la libertad!

Glosa por una décima de Rita Geada

 

LA PALMA REAL

“Palma, atalayar en vuelo,
de algún sueño del paisaje
que respondes en tu viaje
a la invocación del cielo.
Verde abanico en desvelo
jugueteando con la brisa,
que en ti detiene su prisa
para mecerte en su canto.
¡Saturas, trópico encanto,
al campo, con tu sonrisa”

                       Rita Geada
I

Novia del campo cubano
y amante fiel del guajiro;
por ti se escapa un suspiro
desde el valle de mi mano.
Madeja de yagua y guano
sobre el mantel de mi suelo…
¡Cómo revives mi anhelo,
me das aliento y suspiras
en mis tonadas guajiras…!
“palma, atalayar en vuelo”

II

Cuando sonríes esbelta
y la tarde te emborracha,
pareces una muchacha
con la cabellera suelta.
Te creo una ninfa envuelta
con un transparente traje;
que se mueve entre el oleaje
del mar del campo florido,
o una diosa que ha salido
“de algún sueño del paisaje”.

III

Saludas a los viajeros
con tu sonrisa de ariques;
eres luz en los tabiques
y nostalgia en los aleros.
Labradores y monteros
perdidos en el boscaje,
te siguen en tu carruaje
donde cielo y tierra juntas,
para hacerte las preguntas
“que respondes en tu viaje”.

IV

Cuando la luna recorre
los caminos de la esfera,
tu plenitud de palmera
tiene majestad de torre.
Suave céfiro descorre
del anochecer el velo,
y como dama con celo
que cuida al hijo precoz
se queda abierta tu voz
“a la invocación del cielo”.

V

Cuando los soles de mayo
ponen a chocar las nubes,
a la atmósfera te subes
para hacerte un pararrayo.
La tarde sufre el desmayo
de ese temporal flagelo;
y se agosta el arroyuelo
si ve que al llegar la calma
pareces, en vez de palma,
“verde abanico en desvelo”.

VI

Los poetas, que valoran
tu simbolismo campestre,
te alzan un altar terrestre
desde donde cantan y oran.
Los campesinos te adoran
como su mejor divisa,
y la bandera mambisa
flota en ribazos y cuencas
mientras agitas tus pencas
“jugueteando con la brisa”.

VII

Desde un árbol de zapote
sufrí, cuando de muchacho,
vi que sobre tu penacho
se enredó mi papalote.
Mi corazón, hecho un trote
debajo de la camisa,
perdió su mejor premisa
y al cundirme el desaliento
seguí la jaca del viento
“que en ti detiene su prisa”.

VIII

De sinsontes y rabiches
cubres tus enhiestas horas
y otras aves trinadoras
se nutren de tus palmiches.
Rasgos de viejos trapiches
recogen tu austero manto
de soledad y quebranto,
pero te entran soñadores
y bardos y trovadores
“para mecerte en su canto”.

IX

Saturas todos los días
del mundo, la patria inerme,
como una diosa que duerme
bajo inquietas sinfonías.
Saturas las ansias mías
de hacerte libre del llanto,
y ya, por quererte tanto,
acá, por mi lado izquierdo,
los ángeles del recuerdo
“saturas, trópico encanto”.

X

Cuando le faltó la fe
y se moría de murria,
sonreíste en la bandurria
triste de El Cucalambé.
De un son de caña y café
tu esbelta forma se irisa
y eres de rezo y de misa,
pues si tienes horas negras
hay mil días en que alegras
“al campo, con tu sonrisa”.

 

INTRODUCCIÓN

A la reseña escrita en décimas sobre el 

Festival de la Décima, convocado por el

profesor Maximiano Trapero, y celebrado

en Las Palmas de Gran Canaria en 1998.

 .

Mi estimado Profesor
don Maximiano Trapero:
ante todo, darle quiero
las gracias por el honor.
En verdad es un favor
que la décima recibe,
cuando nada le prohíbe
vestirse, con propia gala,
y con la voz y la escala
de su música se exhibe.

Tal vez tenga mi recuento
cosas que sobran o faltan,
pero las que más resaltan
casi todas, se las cuento.
Mas, si acaso en el intento
no llenara el requisito,
lo que sobra se lo quito
y lo que falta lo pongo…
¡Para eso es que dispongo
de cuanta luz necesito!

 

LA RESEÑA

I

Las Palmas de Gran Canaria:
Justa fecha: seis de octubre
del noventa ocho. Cubre
la hora una extraordinaria
concentración visionaria
de poetas- decimistas…
Los verdaderos artistas;
genios improvisadores,
que unos llaman payadores
y otros llaman repentistas.

II

De los puntos más lejanos
de la América y Europa,
llegaba, gentil, la tropa
de los poetas hermanos.
Estrechándose las manos
bajo la noche divina,
fue la décima genuina
siendo la reina del trono,
mientras elevaba el tono
la música campesina.

III

Bajo el directo control
de Maximiano Trapero,
el Simposio fue un reguero
de canto, música y sol.
Jamás el predio español
vistió con más armonía,
ni fue antes la poesía
con el verso improvisado
de un valor tan elevado
¡ni de tanta simpatía!

IV

Los “verseadores” canarios
derrocharon sus cantares;
los de las Islas Baleares
fueron muy extraordinarios.
Los vascos cantaron varios
temas de muchos valores,
y entre aplausos y loores
mexicanos y chilenos
se lucieron como buenos
bardos repentizadores.

V

Del grupo de Venezuela
aún la atracción me fascina,
y del grupo de Argentina
me embrujó la cantinela.
¡Cómo brilló la espinela
del Uruguay, limpia y llana!
Y la hueste borincana
dejó la impronta aborigen,
con que la patria de origen
canta su costumbre hispana.

VI

Desde Murcia los troveros
con sus guitarras llegaron,
y entre el público sembraron
cantares como canteros.
La voz de aquellos iberos
las almas estremecían,
porque en verdad parecían
igual que dos gladiadores,
cuyos valientes rigores
en la sangre les hervían.

VII

Desde la tierra de El Dante
llegaron los trovadores,
para llenar de rumores
la patria del consonante.
Y se sublimó el instante
con Mauro y Ennio en efluvio,
y fue como si un diluvio
de la tempestad del genio
pasara por el proscenio
para apagar al Vesubio.

VIII

Los troveros de Almería
(dicen que Las Alpujarras)
llegaron con sus guitarras
a formar la algarabía.
Cantaron Miguel García,
José López, (sevillano…)
Francisco Cerdilla, ufano,
puso a volar el violín,
y Rivera fue un trajín
de verso, guitarra en mano.

IX

Con Laguardia de Maestro
de Ceremonia, los actos
eran perfectos, exactos,
como todo lo que es diestro.
Este amigo de lo nuestro
frente al mundo se lució,
y cuando en versos llamó
al frente a Virgilio Soto,
Raúl Herrera un alboroto
junto al micrófono armó,

X

José Luis Martín Teixé
–que toca, narra y escribe–
siempre su guitarra exhibe
sin padecer un traspié.
Fernando Murga le fue
rasgando el alma al laúd,
y cuando aquella inquietud
se hizo más bella, más alta,
Carballo, Suárez, Peralta…
ganaron la multitud.

XI

Marta Suint, que sueña auroras
con Monsegui, del país
argentino, trajo el lis
de las musas payadoras.
Las guitarras vibradoras
de Martínez y Amadeo,
a Barrionuevo el deseo
le dieron de improvisar,
y Argentina fue un cantar
para ganarse un trofeo.

XII

Santos Rubio, gran chileno,
payador de sin iguales,
junto a Santiago Morales
dio bastante de lo bueno.
Bibiana Chávez –estreno
de guitarra melodiosa–
tocó radiante y melosa
su guitarra santiaguina,
que sólo toca y afina
su mano de miel y rosa.

XIII

Guillermo Velázquez diera
partes de su corazón,
por casar con un danzón
su guitarra huapanguera.
Vino de la cordillera
de Xichú, trayendo a tales
troveros como a Gonzáles,
Suárez, Rodríguez… igual
que a Méndez, al festival,
¡cumbre de los festivales!

XIV

Roberto Silva, Roberto,
–mi hermano de Puerto Rico–
e Isidro Fernández –chico
que canta con mucho acierto–
nos dieron el rico huerto
de la música campera…
Músicos: Nieves, Ribera,
Torres, Martínez, Ortiz,
Maldonado… ¡Qué feliz
conjunto para esta era!

XV

Los decimistas cubanos
cerraban con fin sonoro,
la gracia del alto coro
de los ritmos antillanos.
Mares de gestos humanos
estremecieron la escala,
cuando en la noche de gala,
Alexis Díaz Pimienta,
levantó su voz de menta
frente a Tomasita Quiala.

XVI

Entre aquella muchedumbre
se imponía Jesús Orta…
–Jesús Orta Ruiz– quien porta
la identidad de una cumbre.
¡Qué manera de dar lumbre
su excelsa frente cubana!
Cuando el día de mañana
se hable sobre la espinela,
no podrá faltar la escuela
de la época “naboriana”…

XVII

Pues al declarar la fecha
de su nacimiento, “el día
mundial de esta poesía
con diez ilusiones hecha”,
la décima en su cosecha
serán lauros de por sí…
Teniendo entonces aquí
a los que aman a Espinel
inscriptos en un plantel
que instaurará Naborí.

XVIII

Seis días de plenas rondas
de concertadas ponencias,
llenaban con sus esencias
aquellas mesas redondas.
Jamás de ideas más hondas,
por la décima, se unieron…
Las voces estremecieron
los corredores vecinos,
y los cantos campesinos
de El Cucalambé se oyeron.

XIX

Estos simposios nos valen
para unirnos y entendernos,
amarnos y comprendernos…
Los simposios equivalen
a sueños que sobresalen
para aliviar muchas veces
las humanas estrecheces,
porque la décima es rica
como Dios: se multiplica
con los “panes y los peces”.aa

XX

Janet Casaverde habló
de poesía del norte
argentino y con su aporte
a todos nos ilustró.
Janet casi despertó
las niñas de la mirada
cuando con su risa alada,
como de invioladas fuentes,
dejó a todos los presentes
con la voz petrificada

XXI

Desde el gran país azteca
–tierra de una estirpe brava–
la voz de Fernando Nava
llegó con su biblioteca.
Fernando Nava no peca
cuando la palabra toma
y como siempre se asoma
por las ventanas del léxico,
pone bien alto a su México,
a su gente y a su idioma.

XXII

Hacia el final del evento,
–justamente el sexto día–
ya el festival resumía
con el más alto momento.
Y el gran acontecimiento
fulguraba entre la gloria,
para que en cada memoria
del encuentro universal,
los triunfos del festival
quedaran para la historia.

XXIII

Subieron al escenario,
Naborí –gloria cubana–
y el vate Gutiérrez Triana
–puro verseador canario–.
Waldo Leiva, partidario
de aquel simposio cimero,
subió también al tablero,
como acostumbra, cortés,
y se abrazaron los tres
a Maximiano Trapearo.

XXIV

La muchedumbre de pie
celebraba y aplaudía,
al cuarteto que se había
fundido en un haz de fe.
La voz de El Cucalambé
se oyó por el infinito,
y de Las Tunas el mito
se hizo realidad allí,
cuando partió Naborí
de regreso a su Cornito.

INDICE nulo por cuanto no hay páginas numeradas
Novillo de Sol
Un Arado sin Tierra
Doce Cantos a una Bella
Abnegación
Mi Cenicero
Paisaje Nocturnal
Orfandad
Estampas Campesinas
El Agua
La Voz del Bohío
Canto al Anafe
Los Nietos
La Virtud
Hora del Oscurecer
La Ceiba
La Muerte de Antonio Maceo
El Bueno
El Párroco el Meteorólogo y …
Mi NinaS
Raciocinio
Recordando a mi Madre
Policromía
Desde Entonces
Paisajes
Cosas
Cosas de mi Tierra
Distante
Canto a la Hispanidad
Invitación
Definiciones Sobre la Fe
Monorrimas
Queja Lejana
Canto a Jimmy Ryce
Definición Teologal
La Cruz
Madre es…
El Dinero
Jahn! Mujer
La Vagabunda
Si Pudiera Estar Contigo
Madrigal
Una Lágrima
Fabula
Epigramas
Glosa
Glosa (2)
Glosa (3)
Glosa (4)
A Carilda Oliver Labra
Es quo Cuba Sigue Allí
Una Loa por Matanzas
Al Decimista Sergio Mederos
Ya Vuelve la Navidad
El Amor no Tiene Edad
Canto a Simon Bolívar
La Palma
El Festival de la Décima en
Llas Palmas de gran Canaria
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FRANCISCO HENRÍQUEZ

Nació en Unión de Reyes, Cuba, 1928. 

Emigró a EE.UU., 1962.
Ha publicado dos libros: REFLEJOS, primera edición 1973, segunda edición 1986. JARDINES DE LA RIMA, primera edición 1993, segunda edición 1994. Ha publicado, además, decenas de cuadernos de poesía, con gran éxito.
Es Miembro Fundador de la Academia Poética de Miami y Director de la Gaceta Lírica, Órgano Oficial de dicha Academia Poética. Para más información sobre la Gaceta Lírica, dirigir correspondencia a su Director Francisco Henríquez, 130 NW. 189th St. Miami, Fl. 33169. Tel. (305) 652 0584.
Ha obtenido alrededor de treinta premios literarios en certámenes universales.

1986 y 1989, Menciones en GALA, Miami, Fl.
1987, 1988 y 1991, Menciones en el Queens College, New York.
1988 y 1993, Menciones en el CEPI, Nueva York.
1988, 1989, 1993 y 1995, Segundos y terceros premios, ECHA, Nueva York.
1989, 1990, 1991 y 1993, Primeros y segundos premios, CCP, Miami, Fl.
1988, Segundo premio Asociación Amigos de Madrid, Miami, Fl.
1988, Mención de honor, Consejo de Educación Superior, San Juan, P.R.
1988, Primera mención honorífica, Colegio Nacional de Pedagogos, (Exilio)
1989, Primer premio MINERVA, Miami, Fl
1990, Diploma de Miembro Fundador de la Academia Poética de Miami.
1991 y 1993, Finalista y primer premio, CCPI, Santa Mónica, Ca.
1992, Primer premio, V Centenario, Ediciones el Paisaje, Vizcaya, España.
1992, Segundo premio, “Madre es”, Coalición Latinoamericana, C. N.
1993, Segundo de poesía ACCA, Miami, Fl
1994, Mención de honor, Concurso Literario Enrique José Varona, Tampa, Fl.
1995, Reconocimiento como “Maestro de la Décima”, CCPI., S. Mónica, Ca.
1995, Tercer premio revista Pensamiento, Tampa, Fl.
1995, Finalista del certamen Sor Juana Inés de la Cruz, Valparaíso, Chile.
1995, Primer premio Coalición Latinoamericana. Carolina del Norte.
1995, Mención del periódico La Voz de Carolina del Norte, Charlotte, N. C.
1993, 1994, 1995, Miembro honorario del Editor Interamericano, Argentina.